Blanca Martín: «Patriotismo»

Llevan poniendo de moda, de afuera hacia adentro de nuestro país, sentimientos que, periféricos hasta hace lustro y medio, se han convertido en neurálgicos, exponiendo complejidades profundas porque, como siempre sucede con relatos que aspiran a totalizar sus tesis, mezclan sentimientos con razones; razones que, a diferencia de otras épocas, hoy no se basan en la verdad sino en el poder de la verosimilitud de lo publicado ante el lector desprevenido.

Estamos en una época inaugurada por triunfos electorales sorprendentes que, lejos de enaltecer la democracia como sistema menos imperfecto, la dinamitan desde dentro pauperizando el lenguaje, su contenido y consumiendo un tipo de receptor que estaba olvidado por el mismo sistema que hoy lo llama a filas bajo el falso postulado del patriotismo.

Porque ser patriota no es usar una pulsera en la muñeca o poner una bandera en una camisa cosida a mano por niñas de 5 años que cobran 1 dólar al mes. El patriotismo que yo aprendí y que sigo defendiendo junto a mis compañeras y compañeros, es el del respeto al que no piensa como yo, el de la tolerancia con quienes intentan enseñarnos a sentir nuestra tierra a la vez que la vaciaron cuanto pudieron mientras gritaban ¡Viva España!

El patriotismo que yo defiendo es el de los servicios sociales, es el de una tierra sin mar y aislada que sale adelante después de siglos de olvido y con el objetivo claro de innovar para incluir, de innovar para converger y el de innovar para refundarnos de cara a los próximos cincuenta años.

Quien crea que esto va de una elección más o menos, se equivoca. Hoy es patriota, de los de verdad, quien defiende y promueve postulados de cohesión y convivencia buscando caminos que no esquiven las complejidades a las que nos enfrentamos, sino que las aborden y las venzan. Claro que el patriotismo de los de bandera y pulsera es el de respuestas fáciles y de un relato lineal, hipócrita y falaz.

 No hace falta quemar contenedores, ni insultar en cada esquina o bloquear los contenidos fake de las redes sociales. Para marginar en la esquina del sistema a los que odian con una mano mientras ponen la otra para financiarse de quienes -supuestamente para ellos- son el enemigo, para no dejar pasar a los que postulan el fin de la igualdad, la segregación de la mujer y falsean con los asesinatos machistas, para sacudirnos definitivamente el franquismo que le queda a esta sociedad, para vivir alertas y avanzar, sólo es necesario estar a la altura de nuestros logros en democracia.

No es creíble quien recortó, vació y destrozó la línea de flotación del Estado de Bienestar y ahora llega con soluciones de tres palabras para apostar por el rencor en vez de por la concordia.

 

Nuestro trabajo será tremendamente difícil, pero estamos aquí para avanzar en caminar hacia adelante y afrontar cada una de las transformaciones que debemos conjugar para construir una nueva sociedad que no se disgregue ante el odio y la exclusión. Será cuestión de tiempo, talento y decisión, enfrentarnos y vencer al nuevo Leviatán con el que algunos quieren hacernos volver a las cavernas. Pero lo haremos, lo estamos haciendo.

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