Miguel Á. Morales: “La cultura de la corrupción”

Debemos ser claros y contundentes cuando hablemos de la idea del poder, con la corrupción como aliada, que hemos visto estos años con el PP en el Gobierno de España, reconociendo a la vez la honestidad de muchos de sus votantes que, convencidos de una cosmovisión conservadora votan una opción determinada desde la honradez, pero en contraposición con muchos de sus líderes enfangados en tramas corruptas que desprestigian a todas y todos.

A estas alturas, conocidos casos como la Gürtel, la Púnica, Lezo, Bárcenas, la carrera y máster regalados al líder del PP, el falso doctorado de Monago y sus viajes de cachondeo a Canarias, la financiación presuntamente irregular de los patriotas que se escaparon de la mili y el trabajo honrado… pareciera que la corrupción es consustancial y natural a la derecha cuando gobierna.

La ausencia de ética para aplicar los valores morales, que a los cuatro vientos vitorean como un Cid redimido por molinos de viento inexistentes, es intrínseca a su concepción del mundo desde las alturas de un poder que, piensan y están convencidos, les corresponde por designio “divino”

La desigualdad en la que sumieron a España viene de lejos; viene de castas seculares que basaron su poderío en la sumisión a la fuerza de la inmensa mayoría de la población. ¡Cómo no vamos a ser el PSOE sus enemigos en cada discurso, si somos los que hemos traído la igualdad a este país!

Por eso atacan a las mujeres y sus derechos, porque la igualdad real les obliga a convivir con una situación de justicia social en todos los niveles. Por eso atacan la sanidad pública universal y gratuita, porque en la misma cama se operan ellos y las y los obreros. Por eso atacan frontalmente una educación gratuita, porque obliga a esa casta casposa a competir en igualdad de condiciones con las hijas de los jornaleros convertidas en médicas.

En consecuencia, en la aplicación de su idea y ejecución del poder, reside y respira el cómo plantean imponer su totalitarismo ideológico. Quieren un país en dicotomías claras: blanco o negro, español o extranjero, hombre o mujer, hetero u homo, con más patriarcado, más machismo y retorno a las diferencias de clase de cara a los derechos y libertades conseguidas.

Quieren volver a un país del que hemos sabido huir en estos cuarenta años de democracia y libertad, articulando una revolución pacífica que nos hizo mejores como sociedad y que ha sentado las bases definitivas para encarar el futuro con esperanza y capacidad, en igualdad siempre, con honestidad, sin rencor y sin dejar a nadie en la cuneta.

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