Miguel Á. Morales: «Por la libertad. Contra el fascismo»

El próximo domingo volvemos a las urnas y, como en cada cita electoral, nos jugamos el futuro inmediato y seguramente la calidad democrática de nuestro país. El bloqueo que ha sufrido el PSOE por parte de nacionalistas españoles y catalanes, además de la superflua posición prosillones de la izquierda de salón, nos deja, como ciudadanía, ante una simple tesitura: o votamos al PSOE, o seguiremos en la incertidumbre a la que el resto de formaciones nos quieren condenar.

Pero aún hay un juego más peligroso, el de tensar la cuerda y promover polos en el que el odio y el autoritarismo convivan con la negligencia de políticos que han llevado a un pueblo, que dicen ser el suyo, al abismo de la ilegalidad y el secesionismo.

Cada vez que los canallas apelan a las banderas para posicionarse en el cuadrilátero de los gritos y las consignas vacías, pierde la gente, porque en medio de ese ruido surgen la violencia y las amenazas de quienes creen que todo se arregla con legionarios y marchas militares, volviendo a la película en blanco y negro con la que algunos sueñan.

El crecimiento de la ultraderecha no tiene demasiadas razones objetivas, más allá del espectáculo del que viven algunas televisiones y de la incapacidad de líderes políticos que despertaron al monstruo porque nunca pensaron en la convivencia ni en el país, más allá de sus narices nubladas por la esperpéntica egolatría, indigna de cualquier intento de construcción de futuro para las mayorías sociales.

El PP juega sucio, cómo no, una vez más. No les alcanza con no haber rendido cuentas por ser el partido más corrupto de la historia de nuestra democracia. No, no es suficiente semejante ignominia para ellos. Atomizados y casi desarticulados como alternativa política, decidieron, hace unos meses, radicalizarse para parecerse a sus hermanos fascistas, pero claro, éstos, desacomplejada vox de la España de barra de bar, han ganado la partida en el bloque conservador y, hoy, marcan la agenda de la España que viene si la derecha suma.

Una España sin derechos para las mujeres. Una España sin sistema público de pensiones. Una España sin leyes laborales justas. Una España con persecución por condición sexual. Una España alimentada en el odio. Una España sin dependencia. Una España con una sanidad y una educación privadas. Una España confesionaria y retrógrada. Una España, efectivamente, como la de 1939. Eso es lo que proponen.

Nos jugamos la libertad y enfrente, como siempre, está el fascismo. Depende, simplemente, de ir a votar y de votar PSOE para que esto no suceda. Votar como reflejo de ese sesenta por ciento de españoles que son de centro-izquierda. No hacerlo es entregarle el país al odio, a la venganza, a la exclusión. Diez minutos de nuestra vida es un precio muy bajo para obtener la España que nos merecemos, una España en paz, libre e igualitaria.

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