Blanca Martín: «Construir igualdad»

 

Las mujeres de este país tenemos dos opciones: reconfortarnos en lo conseguido que, por mucho, es insuficiente, o dar pasos decididos hacia un futuro que debemos conquistar por el bien de nuestras sociedades a nivel global.

El feminismo, decía Simone de Beauvoir, es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente. Y debo asimilar que, desde mi perspectiva como persona pública, militante y ciudadana comprometida, que la fortaleza de nuestras individualidades, fortaleza adquirida con cambios sociales y legislativos, ha venido componiendo, año tras año, un muro colectivo contra el patriarcado, contra su “brazo armado”, el machismo, y contra los tics retrógrados que aún persisten en nuestra sociedad.

Es importante que, junto a los avances que hemos vivido en representación, visibilidad y derechos, tengamos muy claro que lo mejor está aún por venir y que nuestra esperanza se debe construir sobre cimientos de militancia activa en el terreno de la igualdad, militancia que debe ser transversal y decidida con un único objetivo: la igualdad real.

Claro que hemos avanzado en muchos de los frentes abiertos, pero también es verdad que cada asesinato machista es un retroceso que nos deja sin respiración porque nos siguen matando por ser mujeres y ante estos hechos, sea una o sean miles, no podemos permanecer empantanados en discusiones electoralistas, vacías de contenido y, de cara al problema, cínicas.

Hemos trabajado mucho y denodadamente para no sufrir ninguneos y faltas de respeto que aún ocurren muy cerca de aquí, en nuestras vidas laborales, en nuestras vidas cotidianas. Hemos progresado, sí, pero queda mucho por hacer porque aún hay gente que confunde feminismo con frentismo y no, no lo es.

En el feminismo, ideología que lucha colectivamente por la igualdad, cabemos mujeres y hombres de todo tipo y condición. Quien quiere vender que el feminismo es un movimiento sectario, miente interesadamente dentro de ese marco cínico en el que algunos aspiran a imponerse.

Por eso, este 8 de marzo, además de ser una fecha en la que marchar juntas y juntos por la igualdad entre mujeres y hombres, debemos plantear una lucha también en el relato, en las palabras, en los significados y conceptos porque el uso de la palabra no es ingenuo, ni espontáneo. La palabra reproduce lo que somos y proyectamos, muchas veces, con aspiraciones totalizadoras y en este terreno, vamos a trabajar para que el patriarcado siga retrocediendo hasta extinguirse en la memoria de unos pocos casposos y nostálgicos.

Este 8 M debemos recordar a las asesinadas y también gritar que es tiempo de dar un paso adelante tras otro: un paso adelante en igualdad salarial, un paso adelante en conciliación laboral y familiar, un paso adelante en representatividad empresarial y política, un paso adelante en educación, un paso adelante en los medios de comunicación, un paso adelante en el lenguaje publicitario y un paso adelante en la vida de cada una de nosotras y de nosotros para contribuir desde aquí, hoy y ahora, a una sociedad que conviva y que más que tolerante, sea respetuosa y asimile que la igualdad es la gran bandera en la que construir un país mejor.

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