Blanca Martín: «Un paso adelante tras otro»

Contra todos aquellos que piensan que llegan malos momentos para la igualdad de género, contra todos aquellos que se sienten amenazados por radicalismos de otras noches, quiero discrepar y apuntar mis palabras hacia una esperanza que aglutine voluntades por encima de bloques, hacia una esperanza que haga de la militancia por la igualdad, una bandera de progreso continuo, como hasta ahora durante los mejores cuarenta años de la historia española.

Atacar al feminismo, una fuerza que hace años que ha salido de la resistencia para convertirse en la vanguardia de todas las luchas por un futuro próspero, no es solamente un reflejo bestial de la nostalgia con la que algún personaje quiere tener su minuto de gloria electoral, sino además una alarma que ha despertado a gran parte de la sociedad española.

No creo que haya razones para ser pesimistas porque ello implicaría declararnos inútiles como sistema garantista de la libertad y del derecho y no, no lo somos, ni como representantes, ni como sistema, ni como fuerza viva de una lucha, la igualdad, que sigue y seguirá mientras haya una sola injusticia por razones de género, orientación sexual, credo o procedencia.

No vamos a permitir que una parte de la sociedad, una parte anacrónica, por cierto, venga a totalizar su intolerancia con falsedades y odio.

El feminismo está aquí para quedarse y ya no es momento de gritar ni un paso atrás…es hora de salir a la calle, un 8 de marzo más, para gritar que daremos un paso adelante tras otro, en una amalgama de mujeres y hombres que no antagonizan y que están dispuestos a construir una sociedad mejor y más pujante porque las mujeres somos la mitad de un todo que nos necesita para ser un todo que genere riqueza y dé empleo basándonos, repito, en la defensa de la libertad y la justicia social.

Este 8 de marzo debe ser el de la esperanza por un país que no se detenga ni claudique ante bloques infranqueables, por un país en el que las y los jóvenes tengan voz en un futuro que les necesita para reformar lo viejo, edificar lo nuevo y estimular la convivencia como el bien más preciado para crear un espacio mejor, humano, justo.

Y la esperanza tendrá forma de movilización civil en cada ciudad, en cada pueblo, una movilización que haga entender a quienes duden, que la sociedad no acompañará en el retroceso de aquellos que negocien a cambio de un sillón, de un espacio de poder, la libertad conseguida, la libertad por conseguir.

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