Miguel Á. Morales: «Independentistas y felones»

Asistimos cada día al bochorno que nos provoca el líder del PP, cuya relación con la lengua española es la de un bravucón de barra, que aspira a ser el más macarra de una lista de macarras que han vivido de la vida pública y algo más, durante dos décadas.

El poeta chileno Vicente Huidobro decía que: “inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; el adjetivo, cuando no da vida, mata”. En el caso del vacuo novicio que preside el PP, la lista de calificativos que ha escrito y ha verbalizado, no ya contra el líder del PSOE -que también-, sino contra Presidente del Gobierno, es muestra de uno de los capítulos más vergonzosos de la vida democrática española.

El insulto retrata cómo eres y la escasa capacidad conceptual para empatizar con la ciudadanía a partir de una posición ideológica. Cuando insultas, y el insulto es parte esencial de tu estrategia discursiva, nada puede ser debatido, no importa si hablas de impuestos o de becas, de sanidad o de libertad, no importa nada, porque la descalificación invalida a quien la ejecuta.

Hablar de derribo, de felonías, de traiciones, es una ignominia que se arrastra ante la historia democrática de este país. Es inaceptable el retrato que dos o tres aprendices de caudillos quieren que quede plasmado en la memoria social de estos tiempos. Sí, sentimos vergüenza ante la mediocridad servil de líderes que, en el crujido del sistema, aspiran a conseguir lo que en el campo de la razón le es imposible.

Pareciera que se unen para ensalzar un pasado en blanco y negro ya superado, mintiendo, crispando y cavando trincheras, pero eso sí, poniéndose de acuerdo con los independentistas, porque unos y otros siguen a rajatabla aquello de que el fin justifica los medios.

El diálogo dentro del marco jurídico, no les interesa ni a la derecha ni a los independentistas, como tampoco hablar de ayudas a desempleados mayores de 52 años, de la finalización de los copagos, del aumento de becas para estudiantes, de las partidas para memoria histórica, de la dotación para la ley contra la violencia de género, del salario mínimo interprofesional, de la igualdad…

No. A los independentistas y felones -que diría Casado- les interesa rebuznar consignas detrás de banderas que no sienten, porque ser patriota es no morder el 3%, ni financiarse ilegalmente, ni invitar a la boda de tu hija a los capos de la Gürtel, ni irse a Canarias de cachondeo con los gastos pagados por el contribuyente.

Ser patriota es defender a los que menos tienen y garantizar la igualdad de oportunidades. Ser patriota es subir el salario mínimo. Ser patriota es asegurar que los pensionistas cobren más y que nadie les hurgue en los bolsillos por lo que ya pagaron durante toda su vida. Ser patriotas es reivindicarnos y caminar hacia un futuro en el que quepamos todos y todas, sin distinciones, sin exclusiones, en definitiva ser patriota es defender a España y España somos los y las españolas.

El próximo 28 de abril nos la jugamos y para que no vuelvan hay que ir a las urnas en masa, con sentido cívico y orgullo de saber que siempre hemos estado del lado de la convivencia, la pluralidad, la justicia social y el progreso.

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