Lara Garlito: «Y en el horizonte estaban juntos»

Y al grito «el futuro no pertenece a los globalistas, sino a los patriotas» (D. Trump – Asamblea de Naciones Unidas), tras el desconcierto de una gran chapuza llamada brexit, la reivindicación del Amazonas como algo patrio y afirmando «es falso decir que es patrimonio de la humanidad y un pulmón del planeta» (J. Bolsonaro), y cuando el chillido era demasiado ensordecedor bajo «el Estado nos roba», cuando la riqueza no quería compartirse bajo una identidad y una lengua, cuando la solidaridad significaba bajar los impuestos sobre la consigna porque quiero y puedo pese a quien le pese, y la igualdad es poderse comprar una misma camiseta en cualquier lugar… en ese mismo instante, en ese mismo, apareció una pandemia que afecta a todo el mundo sin distinción, a un mundo global. Hoy casi la mitad de la población mundial permanece confinada.

La solución, en este mundo que se transparentaba como individualista y egoísta tras las fronteras fijadas y marcadas al son de la hojalata, nos dicen que depende de las acciones cotidianas, de todos y todas, quienes quiera que seamos de donde seamos o lo que pensemos, porque llegada la infección, como lloraría Jorge Manrique «allegados, son iguales/ los que viven por sus manos/ e los ricos».

Hoy, tras unos días en los que se había señalado con el dedo a Holanda y tachándola de egoísta y sin escrúpulos, con la mirada fija en la respuesta de la Unión Europea esperando su significado de unión, Ursula Von der Leyen, al tweet de: ¡Solidaridad europea en acción! ha esbozado este miércoles los detalles de su propuesta para un sistema de reaseguro europeo, un mecanismo que pueda ayudar a los Estados miembros más afectados durante un shock como el actual. Me alegra saber que el camino de la solidaridad, la coordinación, la cooperación es el que nos guiará. Debe parecernos el mejor de los posibles.

Suelen contarme de un gran político socialista que ponía muchas veces el ejemplo del documental sobre la manada de elefantes, como dejaban al más débil, solo, muriendo en el camino, mientras la manada continuaba en busca de agua o alimentos. Nosotros, afirmaba, jamás podríamos hacer eso.

Creo que no hay nada más que añadir, bueno sí, para que nunca olvidemos esta lección aprendida de Humanidad, en mayúsculas, un trocito de una canción de Jorge Drexler: «Somos una especie en viaje/No tenemos pertenencias, sino equipaje». «Somos padres, hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes/ Es más mío lo que sueño que lo que toco». «Cruzamos galaxias, vacío, milenio/ Buscábamos oxígeno, y encontramos sueños».

Frente al coronavirus: «Si quieres que algo se muera, déjalo quieto».

Te puede interesar