Con permiso de Descartes. (Claudio Ruiz)
… ¿Vivimos engañados? Seguro que si hiciéramos esta pregunta entre los jóvenes de cualquier pueblo o ciudad, muchos de ellos nos responderían con un simple levantamiento de hombros, típica reacción de quien “pasa del tema”. No es la mejor respuesta, pero es lo que hay. Vivimos en una sociedad donde el poder establecido le interesa una juventud idolatra de Ronaldos y Chenoas, e indiferente ante los verdaderos problemas, anodina, cuando el deber de esta es el de no comulgar con ruedas de molino, el de poner en tela de juicio lo existente, y el de revelarse ante aquello con lo que no se esta conforme. Esta es nuestra misión: alzar la voz, para demostrar al cacique de turno que somos seres pensantes.
Todos, y en especial los jóvenes, debemos hacer uso de la masa gris, sería de cobardes conformarnos con el sistema establecido, por muy sencilla que sea esta postura, no olvidemos que también es efímera.
Ahora se aprovechan hasta de nuestra buenas intenciones, por ejemplo: hay una moda de unas “pulseritas” de diferentes colores, las cuales tienen intención de lanzar un mensaje critico en contra del racismo, del cáncer, a favor de la paz, etc… aunque no estaría de mas plantearse quien las fabrica. Son personas que no les importa hacer caja con la generosa y benévola actuación de los demás.
Si permitimos que nos vendan nuestra iniciativa ante un mundo desigual, estamos abocados a la inexistencia, y por tanto a ser unas bonitas marionetas en un mundo donde los hilos los mueven siempre los mismos titiriteros, o donde nos limitamos a actuar siempre en idéntico escenario, este nunca creado por nuestras manos sino por las de otros a los que les interesa ese telón para empezar a dirigir la “GRAN OBRA”.
Los jóvenes debemos ser los guionistas de la “obra”, no debemos ser simples figurantes que se sienten realizados con el hecho de verse después en una pequeña o gran pantalla durante un brevísimo lapso de tiempo, y en ocasiones no se sabe muy bien haciendo qué. Es un claro ejemplo de ello la marea de programas de televisión que existen en nuestros días con ese formato: la persona consigue un éxito tan profundo como fugaz, pero los hilos se han movido para que el beneficio se quede en el mismo lugar de siempre. Me siento apenado por la gente que cae en la trampa de lo “fácil” (dinero rápido que nunca se pregunta de donde viene, porque en realidad no sabemos muy bien porque lo dan. Siempre se ha dicho que nadie da duro por pesetas).
Seria vergonzoso que el único pensamiento que nos moviese fuese la idea de un dinero pasajero sin importarnos que intereses a largo y a corto plazo estamos pagando. No deberíamos ignorar que el “euro-chollo” deshumaniza, que no crea personas que discurren, que apliquen la inteligencia al desarrollo de una sociedad mas equilibrada.
Debemos comportarnos como seres con capacidad de pensar, y no como seres con la única oportunidad que nos echen las migajas del pan (duro) que otros se comieron ayer.


La polémica de los “mini-pisos”. (Susana Martín)

Me molesta soberanamente el uso político que se ha hecho y se sigue haciendo de esta iniciativa, máxime cuando por causa de él se echa a perder lo que considero una óptima solución a la problemática de la vivienda para jóvenes.

Se ha dicho mucho que la Ministra quiere este tipo de viviendas para los otros, no para ella, porque son indignas. Bien. Yo lo quiero para mí. Tengo 23 años, vivo sola, quiero vivir sola, pero me ha costado lo mío. Después de recorrerme todas las inmobiliarias de la ciudad, lo mejor que he encontrado es un apartamento de 55 metros del que me sobra la mitad, viejo e interior, por el que tengo que pagar 300 euros todos los meses. Es un sobreesfuerzo, he acabado la carrera hace poco y no gano mucho. Pero lo peor es que debería sentirme afortunada. No todos pueden permitírselo.

Que más quisiera yo que tener un apartamento nuevo para mí, acogedor, por el que pagar lo mismo que se paga en un piso compartido con gente desconocida. En el que la única intimidad que tienes es la de tu dormitorio, y no conozco muchos dormitorios de 30 metros cuadrados. ¿Cuál de las dos opciones es menos digna? ¿Y que me decís de las residencias de estudiantes, con habitación compartida con el que te toque? Bien está cuando lo decides voluntariamente, quiero irme a vivir con mis colegas, pero la cosa cambia cuando no te llega para vivir solo y no te queda otra opción que compartir un piso con extraños, con los que te irá bien o mal, nunca se sabe, pero a los que te tendrás que acomodar como ellos a ti. Qué remedio.

Claro que si papá te compra un piso con piscina en el R-66 el día en que se te antoja independizarte, no has tenido que pasar por estas situaciones, y nunca podrás entenderlo.

Con este tema se ha hecho ya demasiada demagogia. ¿Se puede saber qué hacen los chicos de Nuevas Generaciones representando una vivienda de 30 metros por las calles? El paripé. Eso es lo que hacen. Porque saben perfectamente que estas viviendas estaban pensadas para UNA persona, pero se meten seis o siete, intentando hacer creer a la población que era ésa la idea de la ministra, desvirtuándola totalmente. Haciendo con ello una burla, no sólo a dicha idea, sino también a los ciudadanos, que deberían reservar su indignación para los que les manipulan de esa forma.

Es por estas cosas que me tocan tan de cerca, por las que no soporto ya oír una y otra vez la misma cantinela. Y menos aún ver que mucha gente ya ha picado el anzuelo, y considera indigno lo que le dicen que es indigno, sin haberse parado a reflexionar. Yo, mientras tanto, seguiré viviendo en mi piso de 50 años. Lo peor es que después de mí aún tendrán que pasar más jóvenes, porque con el recibimiento que ha tenido, la iniciativa quizá ya no se lleve a cabo. Una verdadera lástima.

Las Bodas entre homosexuales. (Enrique Piñas)

En todas las sociedades del mundo hay una serie de prejuicios que están arraigados y presentes en prácticamente todos los individuos que la forman. Estos prejuicios están tan asumidos que en muchas ocasiones las personas que los tienen no son ni siquiera conscientes de ellos, o incluso alardean de no tenerlos.

El mejor ejemplo que se puede dar para entender esta teoría es el de la aceptación de los homosexuales, porque es un hecho clarísimo que la sociedad española aun en estos momentos esta muy lejos de ser tolerante con las personas que tienen una inclinación distinta a la de la heterosexualidad, pero es que estos prejuicios no se presentan solo en las personas que lo afirman abiertamente, sino que están presentes en mayor o menor medida en casi todos nosotros, porque aunque no lo creamos la educación con la que hemos crecido así nos lo ha impuesto.

Por ejemplo, cuando a un niño pequeño le preguntamos que si tiene novia lo hacemos siempre sin pensar en la posibilidad de que ese chico en un futuro sea gay, con lo que de cierta manera estas colaborando en la no aceptación de la homosexualidad. Estas pequeñas cosas que hacemos o decimos sin darnos siquiera cuenta son las que hacen que en nuestra sociedad la igualdad entre todos todavía no se haya conseguido lograr, son estas cosas las que entre todos debemos ir poco a poco eliminando para hacer que absolutamente nadie sea superior o inferior a otra persona solo por sus pensamientos, sus sentimientos o sus inquietudes, porque con las desigualdades es precisamente esto lo que se produce, que alguien se sienta desplazado o inferior simplemente por pensar de manera distinta. Esto además de ser una verdadera barbaridad esta fuera de nuestra constitución, en la que uno de sus valores más importante es el de la igualdad de todos sin distinción alguna. Es por esto por lo que debemos entre todos ir limando las diferencias que nos separan, dar los pasos necesarios para ir poco a poco acabando con los prejuicios y lograr esa igualdad tan necesaria. Y una de esas medidas para conseguir terminar con la desigualdad es la de permitir que todos los españoles podamos casarnos sin que sea un requisito obligatorio el tener que hacerlo con una persona de sexo distinto como era hasta la fecha de hoy. Pero la importancia de esta ley no se queda en dar un paso importante hacia la tolerancia, sino que además es la ley que abre las puertas para que las personas homosexuales tengan el mismo derecho de los que no lo son a la hora de poder formar una familia con sus seres queridos teniendo los mismos derechos y deberes que tienen las familias cuyos miembros principales son personas de sexos distintos, esta ley es la llave tras la que pueden venir nuevas medidas que ayuden a tumbar esos prejuicios que nos separan, esta ley esta llamada a lograr que todos y cada uno de los españoles seamos por fin iguales, que nadie tenga privilegios sobre otro semejante por tener unos sentimientos distintos, en definitiva, es una ley que con el tiempo debe marcar un punto de inflexión positivo en la sociedad española.

Disconformidad con las escuelas deportivas municipales. (Beatriz Mª Rodríguez)

Como ciudadana con voz y voto aprovecho este espacio publico para mostrar mi opinión sobre las escuelas deportivas municipales de Cáceres, y con ello mi sentimiento de disconformidad sobre su gestión .

Considero en primer lugar que la practica de actividad física y deporte es un bien publico que deben asegurar las instituciones publicas, como nos indica el articulo 43.3 de nuestra actual Constitución. En este sentido, creo que las escuelas deportivas municipales cumplen esta función pero ¿de que forma?. En mi opinión, no muy satisfactoria. Parece que la manera como están planteadas las escuelas deportivas son mas una propaganda política que un verdadero compromiso para la ciudadanía, y esta sensación la tengo por la desilusión generalizada de las personas que dedican su tiempo y su esfuerzo en este tipo de actividades.

La organización de las escuelas parte de forma inicial del ayuntamiento, pero para su desarrollo establece convenios con diferentes asociaciones deportivas. Hasta aquí parece que todo va bien, los problemas vienen cuando llegamos a la hora de establecer la consideración y remuneración de las personas que trabajan en dichas escuelas. Mientras que los que trabajan en la fundación municipal de deportes tienen sus sueldo todos los meses, las personas que les “sacan las castañas del fuego” y les permiten que se cuelguen las medallitas, no cobran hasta ya muy avanzado el inicio de las actividades y cuando digo muy avanzado digo hasta una media de cinco meses o más. Para en segundo lugar recibir una cantidad irrisoria que solo permite engañar a quien, de manera casi totalmente altruista, cree dedicar su tiempo a estas escuelas.

En resumen, se paga tarde y mal. La partida de dinero que se les pide a los niños y las niñas que quieran participar en las escuelas deportivas municipales es de 20€ para todo el año, y la subvención del ayuntamiento por cada niño es, como máximo, de 6€ al mes, con un extra para seguridad social del trabajador de 10€ por grupo; con este presupuesto de partida, ¿quién va a querer entrar?. No hay que irse muy lejos de Cáceres para observar que en localidades cercanas, las actividades deportivas tienen un mayor reconocimiento. Y aquí entro en debate sobre lo público y lo privado. ¿Es verdad que lo publico tiene que ser de menos calidad que lo privado? ¿No es necesario por tanto contar con un buen servicio que tenga profesionales satisfechos de estar bien reconocidos y remunerados por su trabajo?


La Iglesia y sus campañas. (Susana Martín)

La Iglesia Católica lleva unos meses promoviendo en nuestro país una serie de campañas de movilización de sus fieles en contra de las reformas prometidas por el gobierno socialista a los ciudadanos.

Tras las campañas en contra de la eutanasia y del matrimonio entre homosexuales, la Iglesia pone ahora el dedo sobre una de las cuestiones más polémicas en sus relaciones con el Estado: el aborto.

En las iglesias españolas se han distribuido siete millones de folletos titulados “Todos fuimos embriones”. Con ello intentan paralizar la reforma de ley sobre la reproducción asistida, y a su vez, reiterar su posición histórica contraria al aborto, legalizado en tres supuestos, así como evitar en la medida de lo posible que se llegue en un futuro a la legalización del cuarto, esto es, el relativo a las condiciones socio-económicas de la madre, en los casos en que éstas no permitan darle una vida digna a su futuro hijo.

En el folleto podemos ver una secuencia de fotos desde la fecundación de un embrión al nacimiento de un bebé, al objeto de sensibilizar a la población en que ambos son la misma cosa.

Concluye el cuadro con una foto de familia, de familia feliz, hombre, mujer y tres hijos, todos ellos con sonrisa de oreja a oreja.

La realidad social sin embargo, es otra bien distinta. Bien sabe la Iglesia, como lo sabemos todos, aunque ella siga cerrando los ojos a lo que no le gusta, que las familias no son todas iguales. Que hay chicas que tienen que sacar adelante solas a sus hijos. Que hay parejas jóvenes que, por un desliz, se ven obligados a truncar sus esperanzas, sus sueños de futuro, y a afrontar una vida para la que aún no están preparados, con las consecuencias nefastas que eso tendrá para el hijo que vayan a educar. Que no todas las familias, por último, tienen las mismas posibilidades económicas para criar a tres hijos como la pareja bien acomodada que se nos muestra (jerselito en los hombros incluido, al más puro estilo Aznar, y perdónenme si alguien que se coloque así esta prenda se ofende, pero es el recuerdo que siempre me evoca, muy a mi pesar).

Entonces, ¿qué derecho tiene la Iglesia a obligar a alguien, aprovechándose de la fe que en ella tenga, a dar a luz a un hijo que no está en condiciones de criar, al que no va a poder dar unas condiciones dignas de desarrollo? Hay muchos intereses en juego. Valores básicos como la dignidad de las personas (tanto de la madre como del hijo que se ha visto forzada a tener) que deben ser respetados, y que en ningún caso pueden ver antepuesta una concepción arcaica de la Iglesia Católica, que no sólo se niega a rectificar, sino que continúa con la misma política destructiva indefinidamente.

A mí particularmente me trae sin cuidado lo que la Iglesia Católica quiera que haga. Sobre mi persona mando yo, con los únicos límites del respeto a los demás, a las reglas de convivencia, y al ordenamiento jurídico. Pero soy consciente de que muchos creyentes se guían por los preceptos que su religión les marque, de ahí que ésta deba comenzar ya a pensar un poco en ellos, dejar de ponérselo tan difícil, flexibilizar posturas, y en fin, adaptarse a la realidad social de hoy, y no a la de siglos anteriores.