Discurso de la presidenta de la Asamblea de Extremadura, Blanca Martín Delgado.
Hoy 7 de septiembre, es el cuarto acto institucional del Día de Extremadura que se celebra en el parlamento regional.
Los actos conmemorativos de nuestra autonomía han ido cambiando, evolucionando, desde que empezaran a celebrarse en 1985 en Guadalupe. Entre 1987 y 1993 los actos se trasladaron a Trujillo, y desde entonces se desarrollan en la capital autonómica.
Desde 1986 se han concedido 153 Medallas de Extremadura, máxima distinción institucional de nuestra Comunidad Autónoma a las que se unen las 7 que se entregaran esta noche en el Teatro, mi felicitación para:
- María Victoria Gil Álvarez, profesora titular de universidad, investigadora, divulgadora y presidenta de la Asociación Extremeña de Alérgicos a Alimentos (AEXAAL).
- Ángel Sastre, reportero que fue secuestrado en Siria 300 días por el Estado Islamico.
- Sor Cristina de Arana, una mujer humilde dedicada a los demás.
- Gonzalo Martín Domínguez, presidente de la Casa de Extremadura en Sevilla
- Jaime de Jaraíz, ilustre pintor extremeño que adoptó como apellido el nombre de su pueblo.
- Manantial folk, grupo referente en la recuperación de la música tradicional y folclore del norte extremeño
- Federación Extremeña de Bandas de Música
Durante estos 4 años en este acto institucional se ha interpretado el himno de Extremadura en diferentes versiones pero siempre con un denominador común, han sido 4 mujeres las responsables de ponerle voz y cara a nuestro himno autonómico. Este año, el himno tiene también un marcado guiño transfronterizo, a nuestros vecinos portugueses, en la voz de Raquel Sandes.
De hecho estas palabras que yo pronuncio desde esta tribuna siempre han tenido un hilo conductor femenino, no solo porque yo sea una mujer sino porque nuestra comunidad autónoma tiene un nombre, femenino y singular.
Este verano un ciudadano extremeño me decía, “es que siempre hablas de mujeres”, en cierto tono de reproche a lo que le contesté, “y nunca dejaré de hacerlo”. Porque mientras no consigamos una igualdad real y efectiva, tenemos que no cesar en elevar la voz, por nosotras pero también por vosotros. Porque seguimos siendo víctimas de una sociedad patriarcal dominante. Que evoluciona si, no tengo duda, pero a un ritmo aún demasiado lento, porque las víctimas de violencia de género no cesan y simbolizan el número de nuestros fracasos.
Permítanme expresar, brevemente mi pensamiento como mujer y extremeña. Somos fuerza en conjunto y nada separados. No nos vale plantear reivindicaciones desde el rencor y el egoísmo territorial, pero tampoco nos vale la lealtad como sinónimo de paciencia a que nos toque lo que esta región lleva esperando años y merece. La paciencia es una virtud pero no es inagotable.
La historia de nuestra tierra fue en siglos pasados la historia del exilio, de la migración, del trabajo, también de la explotación y de la marginación.
A pesar de ello siempre hemos ofrecido a España todo nuestro esfuerzo y lealtad para construir un país que ha alcanzado cotas de libertad y progreso desconocidas en la historia de nuestro pueblo.
Pertenezco a una generación de extremeños y extremeñas que crecimos y nos educaron en la cultura de la igualdad, porque crecimos en libertad y porque crecimos en progreso superando todas las fronteras gracias al autogobierno.
El Estado de las Autonomias, configurado en nuestra carta Magna, que este año cumple 40 años de vigencia, nos otorgó un Estatuto de Autonomia que nos define como quiénes somos, de dónde venimos y qué queremos ser.
Este desarrollo autonómico es el que hoy nos ha llevado hasta aquí, a todas las fuerzas democráticas, para plantarnos delante de los nuevos retos que debemos superar y definir, para seguir construyendo un territorio que debe dar cobijo, trabajo y crecimiento a las generaciones que hoy están creciendo con esperanza y voluntad de vivir en su tierra, porque no olvidemos nunca que nadie se va de su espacio si no es obligado a huir.
Y hablando de Constitución y autogobierno, recordamos que estamos a 35 años de la redacción de nuestro Estatuto de Autonomía. Hace 35 años, Extremadura comenzaba a abrir los brazos para abrazarse al mundo y comenzar a ser lo que hoy somos.
No vamos a hacer historia de los cambios administrativos y políticos que hemos experimentado desde 1983, entre otras cosas porque son tantos que alguien me bajaría de esta tribuna. Pero mirándonos unos a otros, todos y todas aquí y los que están en sus casas o la calle, seremos conscientes de lo que hemos cambiado.
Y prueba de este cambio es que la mayor importancia de nuestra tierra recae en sus ciudadanos y ciudadanas, en aquellos que cada día se levantan para sacar adelante sus trabajos, sus negocios, buscar trabajo y también en aquellos que un día fueron anónimos, o que lo siguen siendo, y que por sus hazañas y proezas llevan nuestra verde, blanca y negra por todos los rincones del mundo.
Fruto de esas hazañas personales son dos extremeñas embajadoras de esta tierra que están cambiando el mundo.
El pasado 21 de febrero, la extremeña María Escudero ganó el premio científico Princesa de Girona por su trabajo en el desarrollo de catalizadores electroquímicos.
El 9 de junio, la extremeña Ana Peláez fue elegida para formar parte del Comité de la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer de Naciones Unidas, convirtiéndose en la primera mujer con discapacidad, miembro de este organismo internacional.
Por estas y muchas más razones y hechos, Extremadura no es una bandera, no es un baile ni un plato exquisito. Extremadura es su gente, la que hoy se preocupa por cómo vivirán las generaciones que se están educando en nuestras escuelas e institutos.
La que hoy se cuestiona cómo podemos hacer para que el talento que educamos revierta su preparación a su tierra, porque el talento ofrece valor añadido al trabajo y el valor añadido garantiza riqueza, empleo, convergencia en una economía global a la que tenemos que ofrecer valores distintivos que atraigan y aceleren la inversión para que nos elijan, porque tenemos la base de todo: estabilidad, espacio y potencialidad para ofrecer.
Hoy, 35 años después, vamos a plantarnos ante los grandes retos que no son, ni más ni menos, que retos humanos que venceremos con capacidades propias, con libertad para articular nuestro criterio ante quienes quieran detenernos o seguir olvidándonos.
Seguiremos con lealtad al Estado como siempre, pero sobre todas las cosas, Extremadura es leal a esas niñas y niños que hoy crecen con esperanza de ser y de existir aquí, porque como nosotras y nosotros, aman a su tierra.
Por esta razón hoy pondré voz a dos reflexiones de jóvenes extremeñas, que me llamaron la atención por tener las cosas tan claras a su edad y de generaciones muy distintas.
Me contaba una niña este verano, ella tiene 8 años, que cuando sea mayor y termine sus estudios quiere ir a Francia a aprender francés, pero que luego quiere volver y vivir en Extremadura, en su pueblo. Pero para poder ir a Francia y volver a ver a sus padres, necesita un tren para no tardar lo mismo que tarda cuando va a ver a sus abuelos a Argentina. Ella quiere formarse, aprehender mundo y vivir feliz en su tierra.
Otra joven de 20 años, estudiante extremeña de periodismo en Castilla y León me decía que aún no sabe, qué no tiene claro como quiere perfilar su carrera profesional pero que cuando termine dentro de 2 o 3 años, si es viable moverse desde Extremadura en poco tiempo para estar conectada con el resto del país y el mundo, quiere ejercer su profesión en Extremadura, porque considera que sin medios de comunicación no hay desarrollo y la implantación de los mismos en Extremadura es esencial.
Ambas coinciden, en remarcar un futuro al que le quedan bloques por construir pero no tanto por definir: desarrollo económico, justicia en infraestructuras y que Extremadura no sea abandona por falta de oportunidades. Que la Extremadura rural y urbana siga poblada.
Para finalizar , en esta ocasión me gustaría hacerlo con una frase de Nicolás Maquiavélo, padre del Estado Moderno, que aventuraba el futuro en un “No puede haber grandes dificultades cuando abunda la buena voluntad”.
Llenemos de buena voluntad el renacimiento extremeño.
Muchas gracias y feliz 8 de septiembre.













