Blanca Martín: «Como mujer y como extremeña, prefiero luchar que victimizarme»

Muchos dicen, y muchas también, que el lenguaje inclusivo es un invento, una chorrada, una ridiculez, una estupidez, un rollo femi no sé qué… Pues les voy a poner en bandeja que puedan llamarme ridícula, estúpida, y lo que se les ocurra. Porque sinceramente, me encanta poder decir hoy, y en esta sala: presidenta del TSJEx, presidenta del Consejo Económico y Social, secretarias generales sindicales, directoras de medios de comunicación, presidentas de asociaciones, diputadas, consejeras, senadoras, delegada del Gobierno, concejalas, alcaldesas, presidenta del Club de Fútbol Olympia, profesora de matemáticas, directoras generales, entre otras. Les confieso que lo que algunos consideran ridículo a mí me causa una inmensa emoción.

Y, por cierto, esta femilingüista, es PRESIDENTA, aunque algunos y a algunas les cueste asumir pronunciar esa A final, en muchos casos, para intentar menospreciar esa A, e incluso con ciertas dosis de chulería machista. No me gustan las etiquetas, y menos esa obsesión de algunas por intentar denigrar con etiquetajes al feminismo. Es obvio q soy mujer, por tanto, es obvio que soy una fémina, por tanto, soy, porque no puedo ser otra cosa, feminista. Y antes de que lo hagan otros, en ocasiones me han llamado feminista de salón, me añado la etiqueta yo, soy feminista española, obsesionada con la igualdad entre mujeres y hombres, obsesionada con la igualdad entre españoles y españolas. Ayer 8 de marzo miles de españolas y españoles salimos a la calle, un año más, a celebrar el Día Internacional de la Mujer, a reivindicar ser iguales, ser libres, sin complejos. Porque cada 8 de marzo reivindicamos mujeres y hombres: igualdad, libertad y justicia.

Conmemoramos algo un día del calendario que se fijó por algo y para algo. Por eso a las que les inundan tantas dudas cada 8 M, nos podrían explicar, porqué el calendario no marca ningún Día Internacional del Hombre. Mary Beard escribe en su libro Mujeres y Poder, “No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura”. A esto yo le sumo, hagámoslo juntos, pero también juntas, unidas, que nadie pueda utilizar topicazos de que las mujeres nos ponemos zancadillas entre nosotras, o nos damos codazos para aparecer en una foto. Esas debilidades son las que muchos han aprovechado para ponernos piedrecitas en nuestro camino.

Hoy y aquí quiero recordar a dos mujeres extremeñas que no pueden caer en el saco del olvido. Hoy quiero dedicarles este acto a Manuela Chavero y Francisca Cadenas, porque hoy, precisamente, hoy 9 de marzo es el Día Nacional de las Personas Desaparecidas. Para la sociedad extremeña ellas siguen estando muy presentes. Un fuerte abrazo para sus familias.

Extremadura es también, cómo no, la historia de sus mujeres y hoy, es de justicia recordarlas. Carolina Coronado fue una de las escritoras y poetisas más representativas del romanticismo. Inés de Suárez salió de Plasencia hacia América y fundó la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura (actual Santiago de Chile). Francisca Mateos, luchadora que contribuyó a una sociedad más justa y tolerante, filántropa, humanista y maestra. Matilde Lanza, uno de los grandes referentes del movimiento de mujeres contra las dictaduras fascistas. María Telo, jurista y destacada feminista, considerada como una de las 100 mujeres de España del Siglo XX por su defensa de los derechos de la mujer. La escritora, Dulce Chacón. La primera mujer catedrática de medicina en España, Juliana Fariña, médica, doctora, investigadora, catedrática y académica. Inma Chacón, Premio Planeta en 2011 con su obra ‘Tiempo de arena’. Pepa Bueno, referente del periodismo español. Antonia López González, médica especialista en medicina tropical fue Medalla de Extremadura en 2002. Estas son, a bote pronto, algunas de las mujeres que, desde Extremadura, saltaron muros y vencieron fronteras.

Hoy nos acampanan, además, dos mujeres que nos hablaran desde sus experiencias de vida, de su lucha por la igualdad desde sectores tradicionalmente masculizados. Sonia Soria, ceclavinera. En la actualidad es presidenta del CF Olympia de las Rozas y es una ferviente defensora del empoderamiento de las mujeres futbolistas. Inmaculada Torres, cordobesa de nacimiento y extremeña de adopción, profesora de matemáticas en la UEX, y una revolucionaria en la enseñanza de esta materia. Tanto a Extremadura como a las mujeres, nos ha costado el doble llegar a la línea de salida. El esfuerzo, la ambición y el deseo de ser como el resto, muchos años después del olvido al que nos condenó el centralismo, nos ha llevado hoy, a ser una región de esperanza.

Como sociedad y como territorio tenemos dos caminos: victimizarnos o luchar para progresar. Yo me quedo con el segundo. A las mujeres también nos ha costado el doble visibilizar nuestra valía porque la forma de ver y de pensar el mundo ha estado siempre condicionado por una masculinidad sectaria, por un patriarcado todopoderoso y por un orden dispuesto a callar y a marginar a la mitad de los activos de toda una civilización. Es verdad que en muchas partes del mundo aún se mira a las mujeres como un objeto susceptible de ser explotado y callado para que el status quo no se vea alterado y permanezca impasible al servicio de un orden injusto e inhumano. Si bien nada es perfectamente asimilable en una analogía perfecta, Extremadura y las mujeres, las mujeres y Extremadura, se rebelaron a la desigualdad y a las injusticias, se rebelaron al sectarismo y al olvido y hoy, aquí y ahora, nos plantamos ante el mundo con la firme decisión de no ser víctimas, sino de seguir luchando para avanzar en consonancia.

Además de lo gratificante que tiene el cargo que represento en sus funciones diarias, la presidencia de la Asamblea tiene una cualidad intrínseca en la misma representatividad de la sociedad en su conjunto, cercanía con la ciudadanía, la cual nos permite distinguir la ficción de la realidad, la teatralización de la vida tal y como es, apegada a unas necesidades, sueños y objetivos que nuestra gente comparte, en este caso, con esta que les habla. Así, recuerdo a María, de la provincia de Cáceres, charlando tranquilamente conmigo y explicándome que le encantaría estudiar medicina e investigar para devolver a la sociedad lo que la sociedad le había dado en una suerte de préstamo que, a ella, a María, la comprometía para, en un futuro, trabajar en su tierra y poder volcar en su tierra lo que su tierra le había dado. O Laura, de Badajoz, cuyo objetivo de futuro era idear un sistema de riego revolucionario y sostenible, que maximice la utilización del agua y favorezca el crecimiento uniforme de las plantaciones que requieran de un sistema que, bajo mínimos, alcance el máximo rendimiento.

Hace cuarenta, cincuenta años, el sueño de nuestras abuelas y madres, era parir en un hospital y aspirar a que sus hijas e hijos prosperen con una educación que ellas no pudieron tener en la España del blanco y negro, un país en el que las mujeres siempre éramos el negro. Ahora, con generaciones formadas como nunca, el reto y el sueño de nuestras niñas, es poder asumir el conocimiento que el Estado les ofrece y poder volcarlo en la sociedad que las ha visto crecer y progresar como individuos. De esta forma, como dirigentes políticos, tenemos delante de nosotras y de nosotros, el reto de poder construir una región que ofrezca, en libertad e igualdad, posibilidades suficientemente competitivas para que nuestras jóvenes puedan dar rienda suelta a sus sueños con posibilidades de realización.

Como Extremadura ya no es una tierra olvidada a su suerte, las mujeres de este territorio tampoco son una mera enunciación retórica para reivindicarnos ante el mundo. No, somos mujeres visibilizadas por nuestro protagonismo en las decisiones, por un Consejo de Gobierno igualitario y con un peso reseñable para las mujeres que lo integran, con diputadas, concejalas y alcaldesas que diagraman las estrategias de futuro que necesita nuestra tierra para ser lo que todas y todos queremos que sea. Nos falta mucho camino por recorrer, pero no lo conseguiremos desde la nostalgia y la melancolía, no lo conseguiremos si oímos a los agoreros del fracaso que creen que el mal de muchos es su bien.

Por el contrario, seremos capaces de lograr lo que nos propongamos, si seguimos avanzando en leyes de igualdad, si aumentamos la cuota de mujeres en los consejos directivos de las empresas, si sumamos agricultoras y ganaderas, si aportamos más empresarias a la sostenibilidad de nuestros empeños y si somos capaces de citarnos ante una sociedad justa y acabar con la brecha salarial entre hombres y mujeres. Seremos más y mejor Extremadura si continuamos los ejemplos de aquellas mujeres que hicieron realidad sus anhelos y que, con esfuerzo, voluntad, talento y sacrificio, siguen empujando para que vayamos mucho más lejos que lo alcanzado hasta ahora. Con ellas, con nosotras, será posible.

Te puede interesar