Eduardo Béjar: «La política como solución»

Joaquín Araújo en su último libro “Los árboles te enseñarán a ver el bosque” nos deleita con profundas reflexiones sobre la Natura, sobre cómo cuidar los bosques para que nos atalanten, para que nos den vida, un libro lleno de sentido, de poesía, de esperanza, pero también de alertas sobre la desesperada situación que sufre el planeta Tierra por culpa de nuestro egoísmo.

Cada día en el mundo se pierden 30 millones de árboles, a ese ritmo el profesor Araújo afirma que en 2 siglos habremos perdido un tercio de los bosques y en 3 siglos el planeta se quedará sin árboles. Árboles que nos dan la vida, que nos enseñan a vivir y permiten nuestra existencia, árboles como nuestras matriarcales encinas, como afirmaba Unamuno, como los Ginkos que ya habitaban en nuestro planeta hace 270 millones de años, árboles milenarios como las píceas, los tejos, las secuoyas o los olivos.

Araújo nos enseña en su libro y en su experiencia vital a apreciar lo verdaderamente importante, a no tener prisa por vivir sin apreciar la grandeza de la Natura que nos rodea, a presumir de nuestra tierra y especialmente de las Villuercas, donde afirma que a los 21 años supo que era el lugar donde quería ser enterrado. A apreciar la mirada de un corzo y el valor de proteger a los seres vivos de nuestros bosques, citando a Dickinson “Si ayudo a un desmayado petirrojo y lo llevo de nuevo hasta su nido, no habré vivido en vano”.

Este propósito de conservacionismo, de protección por lo que nos da vida, pareciera una utopía, pero es necesaria y es deber de la política y de los políticos poner la emergencia climática en el centro del debate, porque si la pandemia de coronavirus nos ha enseñado lo vulnerable que somos, también nos debería haber alertado de lo frágil que es el planeta, en el que queremos que vivan nuestros nietos, nuestros descendientes. El nuevo paradigma para garantizar nuestro porvenir debe ser el que nos alumbra Araújo.

Al contrario de lo que se espera, algunos políticos están degradando día a día el arte de la política y en lugar de proponer soluciones crean problemas, incluso alientan el odio como estrategia de confrontación, evidencian su incompetencia queriendo ilustrar a sus seguidores con absurdas afirmaciones que equiparan la dictadura con la anarquía. Todo con el único objetivo de querer gobernar a cualquier precio y a costa de hacernos menos nación, porque nos dividen entre buenos y malos compatriotas, según apoyemos o no su ideario o sus ocurrencias.

En lugar de pelear por hacer realidad las utopías, pareciera que se interesan en establecer una sociedad distópica en la que por más absurdos que parezcan, a fuerza de repetir, los únicos postulados válidos son los suyos. Los mismos que achacaban en marzo que se tomaron medidas tarde y por ello murieron muchos españoles, se niegan a tomar medidas en esta segunda ola con débiles excusas y en contra de toda la comunidad científica.

Si con el confinamiento por la pandemia muchos aprovecharon para leer o releer libros sobre la materia, de autores tan prestigiosos como Gabriel García Márquez “El amor en tiempos del cólera”, Edgar Allan Poe “El Rey Peste”, José Saramago “Ensayo sobre la ceguera” o Albert Camus ”La peste”, es del todo recomendable que ciertos políticos que no están a la altura de la situación lean a Orwell “1984”, Huxley “Un mundo feliz” y especialmente la gran novela distópica de Ray Bradbury “Fahrenheit 451”, donde los bomberos se convierten en pirómanos y queman libros, quizá así se diesen cuenta que en lugar de políticos que encuentran soluciones y resuelven problemas se han convertido en justamente lo antagónico. Aún conservo la esperanza que al igual que Guy Montag, en la novela de Bradbury, en lugar de quemar los libros los comienza a leer y se une a una muchedumbre de antiguos profesores que han memorizado el texto de un libro para que el conocimiento no se pierda, esa distopía política fracase y lo que hoy parece una utopía se haga realidad.

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