El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, un día que para quienes luchamos por la igualdad, la libertad y la justicia social, es imposible de ignorar. Es el día de la mujer, pero nos jugamos el futuro de todas y de todos.
Mujeres aquí y allí, en todas las latitudes y en todos los idiomas, que marcaron el camino de los avances sociales, nombres como Rosa, Eva, Clara, Golda, Frida, María, Juana, Pepa, nombres que debemos marcar a fuego sin importar en qué trinchera defendieron la letra gorda de sus ideales porque el fin, la verdad, el sentido último siempre se ha encontrado en la equidad, planteando todas las transformaciones necesarias para vivir como individuos y convivir en una sociedad más justa.
Es necesario recordar, también hoy 8 de marzo, que la Segunda República fue extraordinariamente importante para el avance de los derechos de la mujer, ya que el cambio del marco regulatorio dio un salto enorme:
- Reconocimiento del voto femenino.
- Reconocimiento del matrimonio civil y el divorcio.
- Reconocimiento del derecho de la patria potestad de las mujeres sobre sus hijos.
- Eliminación del delito de adulterio para las mujeres.
Pero llegaron después los 40 años oscuros del franquismo, que enviaron al olvido todo lo anterior para dar paso a una España de hombres, para hombres y uniforme en torno a la vacía y simple idea de dios y patria. No en vano, el Código Civil que nos dejaron en 1975 era un reflejo de un país insoportable, gris, vetusto y medieval; veamos:
- La mujer está obligada a seguir a su marido donde quiera que fije su residencia.
- El marido es el administrador de los bienes de la sociedad conyugal.
- El marido es el representante de su mujer.
- Ésta no puede, sin su licencia, comparecer en juicio por sí o por medio de Procurador.
- El marido debe proteger a la mujer, y ésta obedecer al marido.
Una vez llegada la democracia, todos los avances en igualdad vinieron de la mano del PSOE:
- permiso de paternidad
- dos leyes de interrupción voluntaria del embarazo
- contra la violencia de género
- ley de igualdad o de dependencia.
Cómo no repetir hasta el hartazgo que la igualdad, para el PSOE, es el principio fundamental, la gran bandera, nuestro objetivo, en definitiva, la esencia misma del partido de las grandes transformaciones. Porque no ha habido una sola transformación, una sola reforma, en este país, que no lleve el sello del PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL.
Ahora, en 2018, el 8 de marzo tiene un significado que apunta a dos grandes males: la violencia machista y la brecha salarial. De reseñar es que fuimos capaces, las fuerzas democráticas, de firmar un gran Pacto de Estado contra la Violencia de Género, un acuerdo al que el gobierno no dota con los 200 millones de euros que iban a ser destinados.
Por tanto, la hipocresía del PP ha vuelto a jugar en dos sentidos opuestos, en un sí pero no que no hace más que detener la efectividad de la lucha contra un tipo de violencia que asesina mujeres por ser mujeres.
La violencia machista se ha llevado por delante la vida de 917 mujeres en los últimos catorce años, y 23 niños. ¿Qué hace la derecha de este país? Mirar para otro lado y equiparar la ideología de la desigualdad, el machismo, con la de la igualdad, el feminismo. ¿Ignorancia o quizás nostalgia por un tiempo que ya no volverá?
Brecha Salarial
Un sistema que, en su vertiente más salvaje, basa su forma de generar riqueza en la desigualdad, no podía obviar estrategias que, a lo largo del tiempo, más o menos camufladas, marginaran de una u otra forma, a la mitad de la población, las mujeres.
La brecha salarial es el espejo más insultante de un mercantilismo que se sostiene que en la desigualdad como única forma de aumentar sus márgenes. La brecha salarial es de un 23%, hay 7 millones de mujeres explotadas y 42 mil millones de euros anuales provenientes de la grieta que separa a mujeres y hombres, que descansan en las grandes empresas. No importa la edad ni el nivel de formación, tampoco qué tipo de contrato tienen; lo único que redunda es la desigualdad salarial.
Por tanto, tenemos retos por delante que, como siempre, obligarán a dar lo mejor de nosotras y nosotros como sociedad. Derechos individuales, salarios, conciliación, educación en igualdad y, sobre todo, leyes que penalicen de verdad la desigualdad en todos los terrenos, han de ser algunos de los caminos que deberemos abordar para construir una sociedad justa y que, en consecuencia, no margine al 50% de su población porque significa marginar el 50% de su futuro.















