Álvaro Sánchez Cotrina: «Elegir Extremadura»

13 Sep, 2026

Extremadura tiene que ser una elección plena y atractiva para quien decida quedarse o volver. Querer vivir aquí debe ser una oportunidad compartida, diversa y un motivo de orgullo. 

Conservo una fotografía de cuando era niño. Estaba en el colegio, al lado de Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Él sonreía con la soltura de la costumbre y yo miraba al objetivo con la gravedad desconcertada de los niños cuando un adulto les ordena quedarse quietos porque van a capturar un instante histórico. Hoy sé que aquel instante congeló algo más que un encuadre y captó el punto de partida de nuestra historia reciente. Me gusta pensar que, tras el objetivo de aquella cámara, palpitaba el pulso de una región que no se resignaba a que su imagen estuviera detenida en el tiempo. Nací en 1986, el año en que nos incorporamos al proyecto europeo. Mi generación creció respirando la contradicción histórica y la certeza de vivir en una tierra con las infraestructuras básicas por construir y el mandato silencioso de tener que marcharte para poder ser.

Pero esta tierra no se quedó de brazos cruzados. Se abrió paso una primera gran transformación autonómica que nos devolvió la dignidad, nos sacó del olvido histórico y demostró que Extremadura podía mirar de frente al resto de España. Sobre esos cimientos se levantó, años más tarde y de la mano del presidente Guillermo Fernández Vara, una segunda gran transformación que consolidó la Extremadura de los derechos sociales, la educación universal, la sanidad de cercanía y una modernización silenciosa pero profunda. Es una herencia colectiva de la que nos sentimos orgullosos; un camino recorrido que hoy algunos pretenden defenestrar desde el adanismo, pero sobre el que nos sostenemos para seguir avanzando. Gobernar no es borrar el pasado ni congelar la foto; es reconocer la huella, ajustar el enfoque y mover el marco. Para conseguirlo, hay que dejar de hablar de Extremadura en abstracto y mirar a sus gentes, garantizando que la igualdad de oportunidades sea la columna vertebral de cada pueblo y ciudad. No se trata solo de gestionar lo heredado, sino de crear sobre esa base una Extremadura con nombres, apellidos y horizontes diversos.

Pienso en Andrés Campos, diseñador de Montehermoso de 24 años, que ha decidido crear su propio taller desde su pueblo, diseñando con las raíces para llevar la gorra montehermoseña y la artesanía textil a las pasarelas, demostrando que crear desde nuestra tierra es vanguardia, innovación y alta costura.

Pienso en Álvaro Payo, un joven bailarín cacereño de 17 años que ha logrado plaza en la prestigiosa Real Escuela de Ballet de Londres. Un talento excepcional que necesita el respaldo de las instituciones, a través de becas públicas de formación, para que la falta de recursos económicos no frene una carrera extraordinaria.

Pienso en Juan Carmona, de Guareña, y en la historia de Inquiba, que tras ver cómo un incendio destruía por completo la fábrica en 1981, decidió no rendirse, reconstruirla junto a sus trabajadores y posicionar desde su pueblo un grupo industrial referente en toda España y ejemplo del relevo generacional en el empresariado extremeño.

Pienso en Irene Galán, arquitecta llerenense de 30 años, que tras desarrollar su carrera en Sevilla quiere regresar a Extremadura para trabajar desde Mérida en la conservación del patrimonio, enamorada de una ciudad única y con la idea de que cuidar nuestra historia es también diseñar el futuro.

Pienso en Carmen, enfermera en Zafra, que ha elegido criar a sus hijos en el lugar donde creció junto a su mujer, orgullosa de su vocación pública y de formar parte de una Extremadura abierta, donde cada proyecto de familia tiene garantizados su lugar y sus derechos.

Ahí está la verdadera política. No en la imagen de la postal idílica ni en los grandes anuncios de corta y pega, sino en la capacidad real de garantizar la igualdad de oportunidades y acompañar esos proyectos de vida con trabajo digno, vivienda accesible, servicios públicos de excelencia, tiempo y certidumbre.

Escuchaba el otro día Copenhague, la canción de Vetusta Morla, y me detenía en la idea de que los lugares que uno busca son los que, al final, terminan encontrándote. «Dejarse llevar suena demasiado bien», tarareo mientras tomo conciencia de que Extremadura no puede abandonarse a la inercia de lo ya construido. Extremadura tiene que ser una elección plena y atractiva para quien decida quedarse o volver. Querer vivir aquí debe ser una oportunidad compartida, diversa y un motivo de orgullo.

Cumplo cuarenta años al mismo tiempo que la España europea y, cuando miro aquella foto del niño junto al presidente, entiendo que la responsabilidad de hoy consiste en tener la valentía de continuar la tarea.

Queremos una tierra protagonista de una transformación industrial vanguardista, donde la energía limpia sea el motor real que abarate la vida de las familias y nos sitúe a la cabeza de la transición verde en Europa. Una Extremadura conectada e innovadora, donde cualquier persona encuentre el mejor escenario para desarrollar su talento sin renunciar a sus raíces ni a sus sueños. Ojalá que, dentro de muchos años, cuando alguien vuelva a mirar la foto, no vea el recuerdo de una tierra resignada, sino el punto exacto en el que decidimos impulsar el futuro sobre los hombros de quienes nos precedieron.

Me siento profundamente orgulloso de ser extremeño, de nuestra historia, de nuestra gente y de todo lo que aún nos queda por construir juntos.

¡Feliz Día de Extremadura!

Álvaro Sánchez Cotrina es Secretario General del PSOE de Extremadura

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