Belén Fernández: «La paja en el ojo ajeno»

28 Dic, 2021

Ver éxodos masivos de personas que huyen de la guerra, las crisis climáticas, regímenes totalitarios en los que no se respetan los derechos humanos o el hambre, está siendo una escena terriblemente cotidiana en los últimos años.

La situación generada en la frontera entre Bielorrusia, Polonia y Lituania con miles de personas migrantes atrapadas -decenas han muerto- es otra de tantas, pero difiere mucho de otras crisis en cuanto a su origen e implicaciones.

Bielorrusia no es un país de tránsito; hablamos de una emergencia migratoria y humanitaria fabricada por el régimen de Lukashenko como medio de presión y represalia a la UE por las sanciones comunitarias impuestas al pais como consecuencia de la brutal represión contra la oposición bielorrusa y los manifestantes que denunciaron fraude electoral en las últimas elecciones presidenciales.

Estamos hablando de miles de personas migrantes y refugiadas utilizadas como arma política contra Europa, con el agravante de dirigir la presión hacia países que rechazan de forma radical la acogida de personas migrantes y refugiadas con discursos cercanos a la xenofobia. Y digo ésto porque las autoridades polacas han impuesto un estado de emergencia que impide que la ayuda humanitaria llegue a las personas atrapadas en la zona fronteriza. Una legislación recién aprobada permite a la policía ignorar las solicitudes de asilo y expulsar rápidamente a las personas migrantes de vuelta a Bielorrusia.

Y de nuevo, la construcción de un nuevo muro en la frontera como medida de política migratoria.

Hace unos días defendí en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso una iniciativa que condenaba el uso artificial de flujos migratorios, que instrumentaliza el drama de las personas migrantes con fines de presión política o económica.

He de decir que frente a la bronca, la intolerancia, la falta de rigor intelectual que caracteriza la acción política de las derechas españolas, en esta ocasión se produjo un debate relativamente sensato que acabó con una aprobación unánime; si, si… unánime.

A la satisfacción de conseguir llegar a puntos de encuentro comunes a todos los grupos políticos en una cuestión que afecta a aspectos tan sensibles como lo son el reto migratorio y el cumplimiento escrupuloso de los Derechos Humanos, le sucedió una reflexión por ciertas analogías desconcertantes en cuanto a lo predicado y nuestras vivencias políticamente hablando:

Vivimos tiempos en los que las acusaciones desorbitadas, carentes de fundamento y sin ánimo propositivo son la única herramienta política de la bancada derecha (también llámese gallinero). Tiempos de crisis en los que la vulnerabilidad humana es especialmente sensible, y se ha convertido en el caldo de cultivo de esas acusaciones, que sin pudor alguno se utiliza indistintamente de escudo y arma arrojadiza a la vez.

En mi reflexión alimenté alguna esperanza de buenos propósitos para el año nuevo, porque la esperanza debe ser lo último que se pierda, pero pudo más la sabiduría popular y el Pepito Grillo que llevamos dentro me apuntó eso de  “Vemos la paja en el ojo ajeno, y no vemos la viga en el nuestro”.

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