Blanca Martín: «Un mundo de iguales»

28 Abr, 2017

Artículo de la Presidenta de la Asamblea de Extremadura, Blanca Martín. 

Por Blanca Martín Follow adrianboullosa on Twitter 

El mundo desarrollado ha pasado épocas de esplendor en materia de cooperación, apostando por el progreso en la periferia a partir de la potenciación de la misma desde, precisamente, el núcleo de la actividad económica.

No es casualidad que, al ritmo que ha ido decreciendo la mirada respetuosa hacia los sectores del planeta en conflicto, en hambrunas, en guerra, en sequías, al fin y al cabo en crisis, Europa fue poniéndose de perfil hasta dar la espalda a todos y cada uno de los problemas que se produzcan más allá de nuestras fronteras.

Fronteras, por cierto que, como continente, hemos levantado contra la gente que huye de la guerra en Siria. Familias que ven como sus esperanzas de ayudas acaban en la frontera turca, cuyos gastos financia la Europa civilizada y cristiana.

En este caso llegamos a niveles de hipocresía tan repugnantes que, entre todos, agigantamos la deriva reaccionaria de un mesiánico con aspiraciones de eternizarse en el poder, allá en Turquía y gracias al pago de los favores recibidos.

Es tan ingenuo creer que de esta manera y no interviniendo allí donde las injusticias derivan en exilio y holocaustos, vamos a solucionar la presión que el movimiento de personas ejerce sobre Europa, que no merece más comentario.

Para poder remediar las desigualdades de todo tipo allí y aquí, porque ocurren a un metro de donde estamos y a miles de kilómetros, se resume en profundizar las ayudas al desarrollo de aquellos países que más lo necesiten, sean las razones que sean.

Cambiar la concepción de un mundo mercantilizado por un mundo humanizado, requiere construir un puente entre los que tienen y los que desean, los que fecundan sociedades libres y los que sufren el totalitarismo en carne propia.

La batalla del desarrollo requiere de todos los brazos posibles que solucionen el calentamiento global, la falta de agua, la persecución de las personas por orientación sexual y el aislamiento de las mujeres del centro de las decisiones.

El mundo ha de ser capaz de construir un equilibrio que lo sane de su insostenibilidad actual, que dé esperanzas a las generaciones futuras y que reemplace las concertinas por la construcción de sociedades abiertas. Y no tenemos mucho tiempo para conseguirlo, así que manos a la obra.

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