Artículo de la Presidenta de la Asamblea de Extremadura, Blanca Martín. 
A quienes gustan moverse entre categorías binarias, el discurso dominante es una buena conjetura para analizar todo lo demás. Es curioso que en tiempos en los que vivimos la apariencia de la libertad comunicativa, nos mimeticemos, sin embargo con quienes utilizan el pensamiento segmentado para distribuir las virtudes y los defectos. Será por ello que la posverdad es la ausencia de matices, justamente los que forman parte de la máxima proximidad a la certeza.
No, no son buenos tiempos para diluir el odio en relativismos sino para enfrentarlo con la decisión suficiente para vencerlo y abrir la puerta hacia otro pensamiento, el de la pluralidad, las diferencias y el saber convivir con ellas como fuente inagotable de riqueza.
Los discursos pueden ser maravillosos o no ser si el hecho descrito es una amenaza latente. Qué hacer contra la simpleza de la barbarie de un Donald Trump que ahuyenta sin disimulo cualquier esperanza de progreso. Qué hacer contra quienes exponen mundos cerrados en lugar de sociedades abiertas. Cómo construir otro espacio en el que el hígado de lugar al pensamiento y entre todos recuperemos el valor de la palabra, esencia misma de la razón y la lucidez.
Desde luego que, ante el discurso dominante, la lucha será cruel y, en muchos casos, estéril. No obstante, cuando desde la verticalidad más vil se desprenden valores que corroen a la igualdad y el civismo, cuando a pesar del cierre de sus fronteras, se exporta el odio como la nueva utopía de los viles, quienes reconocemos la amenaza estamos ante la obligación ética de encontrar otras formas de captar y construir mayorías civiles suficientemente sólidas y transfronterizas como para que el mundo que creímos empezar a edificar no sea una sobra devenida en ruina, año a año.
El desánimo y la preocupación provocadas por la administración de un personaje vergonzoso, machista e insensible como Trump, no puede vencernos porque podría ser la última derrota del mundo tal y como lo conocemos. Con sus defectos y formas a transformar, las sociedades libres y sus máximos referentes sociales e intelectuales, han de dar batalla en cada espacio para vencer a la sordera y la intolerancia, caldo de cultivo en el que nace y se reproduce, precisamente, el discurso binario.
La vida y el futuro no pueden ser vapuleados por un megalómano ante espejos distorsionados. Es imprescindible sumar liderazgos continentales para promover y demostrar que otro mundo es posible. Y no lo haremos con concertinas o dejando morir a la gente que huye de la guerra. Lo haremos actuando de forma opuesta a la insensibilidad de los funcionales al horror y la mercadotecnia a cambio de variables que juegan con la vida ajena.
Europa es esencial para rehacerse y rehacernos en el humanismo que hemos intentado postular durante seis décadas. Eduardo Galeano decía que la utopía es eso que se mueve mientras caminas hacia ella y es por ello que la utilidad de la utopía es caminar. Caminemos juntas y juntos, pues, los que defendemos la igualdad, la sostenibilidad, el pluralismo y las no patrias, para vencer al odio y componer un himno definitivo de libertad.














