Blanca Martín: «Ruth Bader Ginsburg»

16 Oct, 2020

“No pido ningún favor para mi género, sólo pido a mis hermanos que nos quiten el pie de nuestros cuellos”.

Sarah Grimké*

Ruth Bader Ginsburg siempre supo que su trabajo era enfrentarse a hombres que no creían que existiera la discriminación por género y hacerles comprender que sí existía y que la grandeza de una civilización era, precisamente, dar fin a las diferencias y dar paso a la igualdad real ante la ley.

Sabía que la mayor discriminación de la mujer se encontraba en el ámbito del trabajo, ya sea dentro o en el mero hecho de la escasa accesibilidad a una actividad remunerada de calidad en cuanto a derechos equitativos con el género masculino. Luchó sin descanso para que esa clasificación sexual que implicaba un juicio de inferioridad, dejara de mantener a raya una forma de vida dentro del derecho. Ginsburg siempre sostenía que estigmatizar a la mujer para evitar su ascenso o inclusión dentro de las mismas reglas, era, es, situarla en el ámbito del hogar. Ruth luchó contra ello e hizo avanzar a la sociedad aportando su capacidad, su voluntad y su fortaleza en un país en el que hoy, su presidente, la califica, por ello, como una lacra.

Alegó por la igualdad y exhortó al Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América, que “declare el género como criterio discriminatorio”. Ruth, mujer extraordinaria donde las haya, entendía muy bien el tiempo en el que le tocó luchar, y supo mejor que nadie que “los cambios duraderos se dan de a poco.” Y son tan lentos que, su nieta Clara, asistió, 200 años después de la fundación de Harvard a la primera clase en el que hombres y mujeres asistentes eran exactamente la mitad.

Esta hija de inmigrantes judíos no era grandilocuente en gestos y aspavientos, no era de manifestaciones masivas. Por el contrario, Ruth era de palabra concreta, justa, de conductas y actos que movilizaban a su entorno más próximo y una fiel militante del, caso a caso que cambiaba, lenta pero inexorablemente, la injusticia de género por derechos igualitarios.

Dicho por ella misma, se sentía, ante sus pares de profesión, como una “profesora de preescolar” en materia de igualdad, porque ellos no creían en la discriminación. Su pedagogía simple, práctica y directa nacía siempre de la misma pregunta: “¿qué mundo queréis para vuestras hijas y nietas?”

En estos días nos dejó Ruth Ginsburg, una mujer que era madre a la vez que cuidaba a su marido de un cáncer que lo aquejaba y al mismo tiempo que estudiaba Derecho en la Universidad de Harvard.

Fue consciente de su época y ayudó a que los tiempos fueran cambiando hacia el fin de toda discriminación. No dejó indiferente a nadie y resultó ser un paradigma para toda lucha que tenga la igualdad como objetivo. Aún hoy, a pesar de lo que nos toca vivir y soportar, seguimos militando contra infravalorización por género, contra las puertas que se cierran ante el paso firme del feminismo que Ruth Ginsburg cultivó para que las hijas y nietas que vienen estén más cerca de un mundo de iguales.

* Sarah Moore Grimké ​ fue una abolicionista, escritora e integrante del movimiento por los derechos de las mujeres estadounidense.

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