Discurso de Blanca Martín Delgado contra la violencia machista. 
«Estimadas amigas, estimados amigos. Hoy no es un día para el festejo ni para la celebración. Hoy es el día que señalamos en el calendario como fracaso de una sociedad. Hoy es el día que la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 54/134, el 17 de diciembre de 1999, tuvo que poner en el calendario para romper el silencio del maltrato a la mujer que muchos callaban, que otros aplaudían y defendían.
Las mujeres no somos menos que nadie, no somos el peluche de ningún hombre, no somos la que acompaña. Las mujeres somos sujetos activos de la sociedad, somos políticas por naturaleza, somos agentes activos de todos los sectores sociales, somos líderes que durante muchos años, la cultura machista patriarcal, no nos dejó participar de una sociedad que compartimos como mínimo al 50%.
Hace unos años, algunos llamaban a la violencia machista como “violencia doméstica”. Creían, que en las “cosas de casa”, el Estado, la ley, no debería inmiscuirse. Pensaban que la violencia machista era algo normal, incluso necesario, algo que estaba anclado en la naturaleza de los diferentes sexos y en sus relaciones personales. Como si la violencia y la paz formaran parte de la genética de hombres y mujeres, como si unos fueran los amos y otras las sumisas. Menos mal que hace algunos años, no hace tanto, las mujeres y hombres, defensores de la igualdad y de los derechos humanos, dijimos un ¡basta ya!
Sin embargo, no podemos caer en el error de centrar exclusivamente nuestra lucha en solucionar la violencia machista en las edades adultas. Nuestras hijas, nuestras hermanas, nuestras sobrinas, nuestras nietas, están sufriendo acoso, amenazas y agresiones en la adolescencia. Muchas de ellas piensan que su novio le pida el teléfono móvil para revisar sus conversaciones, son simplemente un acto de amor. Muchas de ellas piensan que su novio le diga cómo tiene que vestirse para salir de casa es un simple acto de lo mucho que la quiere. Micromachismos, como llamó Bonino (1995) a estos casos. Son formas de violencia que a veces son aceptadas socialmente. Estos ejemplos de machismo, de coacciones a la libertad de las mujeres, a la construcción de nuestro ser individual, independiente, a nuestro derecho a construir un nosotras como mujeres de pleno derecho en sociedad.
Debemos erradicar los futuros casos de violencia de género desde las escuelas. Sin educación que erradique los roles de género, nunca acabaremos con la violencia machista. Los docentes tienen un papel fundamental en la prevención y en la lucha contra la violencia machista. Unos docentes que eduquen en el respeto hacia la mujer, que enseñen a condenar la violencia machista, que enseñen a rechazar, a denunciar y que eduquen en la igualdad… De este modo educaremos a nuestros hijos e hijas a ser ciudadanos que luchen contra el maltrato cuando sean mayores, pero también a que sean un altavoz en el colegio de aquello que puedan ver en casa. Es imprescindible que denunciemos el machismo, pero más imprescindible es que nuestros hijos e hijas lo aíslen desde la educación integral, del primer hasta el último día de escuela. La Educación desde la escuela, la educación para la ciudadanía, es la herramienta adecuada para que eduquemos en los valores que queremos construir en la sociedad de la próxima década.
Debemos dedicar parte de nuestra lucha en el ámbito rural. La mayoría de la población de Extremadura vive en nuestros pueblos y es en ese ámbito donde todavía falta mucho por trabajar en el ámbito de la lucha contra la violencia machista. Sin embargo, no podemos exponer a las mujeres, ni atormentarlas con empujarlas al vacío sin la protección de un Estado que eduque contra el machismo, que condene al maltratador y que sea capaz de proteger a las mujeres que sufren el maltrato bien sea físico o psicológico. 
Por este motivo es necesario, como bien hemos hecho en Extremadura, que todas las fuerzas políticas nos unamos para poner encima de la mesa un acuerdo que desemboque en un gran pacto nacional contra la violencia machista, contra la violencia de género.
Un acuerdo marco que ponga negro sobre blanco que la violencia será perseguida, que tenga un protocolo de actuación para todos los estamentos públicos, que incluya a todos los agentes sociales para que sea un acuerdo inclusivo, integrador y que sirva para educar en igualdad, respeto y en los valores de la no violencia a las mujeres.
La concienciación frente a la violencia machista debe ir acompañada de uno de los altavoces y de los receptores de mensaje que tiene la sociedad: los medios de comunicación.
“Muere la segunda víctima de la violencia de género en Sevilla en sólo tres días” titulaba el Diario El Mundo el pasado 15 de noviembre.
“Muere apuñalada una mujer en Carabanchel en un posible caso de violencia machista” titulaba el diario 20 minutos el pasado 14 de noviembre.
Dos ejemplos de dos titulares que utilizan “muere” a estos casos de violencia machista que vivimos hace diez días en nuestro país. ¿Por qué edulcorar la realidad sonrojante de un asesinato? ¿Es necesario contar la vida de la mujer como en casos que se menciona “rehízo su vida con una nueva pareja”? ¿Qué se busca con estos detalles? ¿Y si a veces estos datos denotan una especie de justificación hacia el maltrato? Es el momento de acabar con la violencia machista. Es el momento de parar al machismo. Es el momento de acabar con el terrorismo sobre la mujer.
En cifras oficiales, 48 mujeres han sido asesinadas por violencia machista en lo que llevamos de año. 48 vidas truncadas sin justificación. 48 vidas que tenían derecho a ser simplemente lo que eran: mujeres de pleno derecho. 
Amigos y amigas, es el momento de hablar con propiedad, de acabar con las relaciones de dominación de poder, es el momento de que entre todas, de que entre todos, pongamos fin a esta barbarie. Más de 800 mujeres han sido asesinadas desde 2003 en España. ¿Somos conscientes?
Por este motivo hoy, 25 de noviembre, no es un día de celebración, es el día que señalamos para vernos las caras, para decirnos que hemos fracasado como sociedad, para concienciarnos de que algo tenemos que hacer y para dar voz a aquellas que por miedo no se atreven a dar el paso. Es el momento de acabar con el silencio. Es el momento, aquí y ahora de acabar con el maltrato.
Blanca Martín Delgado
Presidenta de la Asamblea de Extremadura













