Blanca Martín, Presidenta de la Asamblea de Extremadura ha intervenido en el acto de celebración del Día Internacional del Pueblo Gitano que ha tenido lugar esta viernes en la Cámara regional. 
«Federico García Lorca se ha convertido en el lugar común más recurrente a la hora de describir la poética de la persecución, la muerte y el olvido de las minorías. Muchos hablan de la marca España y dentro de ese compendio de sensibilidades, el pueblo gitano ha contribuido de forma tenaz y constante, al posicionamiento de nuestra cultura en el resto del mundo.
Somos España en el mundo por Cervantes y Picasso, por Falla y Lorca, por Clara Campoamor y también por Paco de Lucía y Camarón. Si España tiene música es por el aporte gitano y su mezcla de culturas, diásporas y exilios forzados.
Cuando afirmo que Federico es un tópico de la persecución, pienso que la simbología de su poética como mímesis de un flujo cultural que atraviesa nuestras almas, apunta a conformar un inconsciente colectivo que debemos exponer, analizar y recuperar para conformarnos como una sociedad sin diferencias, sin muertos en las cunetas, sin roles de género, sin olvido.
Porque a Lorca lo mataron por homosexual, por librepensador y por contravenir todas las casposidades culturales que construían una realidad de hambre y exclusión. Una España de hambre y de exclusión como en la que le tocó nacer y ser asesinado por quienes se sublevaron ante el orden democrático elegido por la soberanía popular.
No creo que ser rubio, moreno, alto, bajo, musulmán, gitano o judío, sea un orgullo. Los seres humanos somos iguales aunque sigamos luchando para efectivizar y legislar la igualdad, no sólo entre pueblos, sino también entre géneros, porque si algo ha sido común a casi todos los ordenamientos sociales, es el rol secundario de la mujer. Eso debe acabar para que nunca, y siguiendo con Lorca, se repitan escenarios como los que el poeta y dramaturgo denunció a través de Bernarda: “hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón.”
Por tanto, nuestra lucha, desde lo simbólico de Lorca hasta la legislación de la igualdad, encarna la idea que tenemos del mundo y las convicciones con que mis ideales se potencian. Cuando Federico escribió en el Romance de la pena negra, “¡Soledad, qué pena tienes! ¡Qué pena tan lastimosa!”, nos transporta a un mundo que, aunque a un paso del otro, resulta lejano, un mundo al que se le ha dado la espalda, un mundo en el que para el poder reinante ni siquiera era una simple brisa de la injusticia.
Lorca nos lanza un órdago a las conciencias de un pueblo que mira para otro lado y, en cierta medida, hemos seguido sufriendo esa apatía ante el dolor de lo que no somos, durante muchos años. No es momento de folclorizar los aportes de la cultura gitana a la totalidad de nuestro latir como cúmulo de costumbres, expresiones y sensibilidades.
Pero sí es tiempo de levantar las cabezas y de construir una sociedad sin minorías, aunque recalcando que en los matices diferenciadores vive la auténtica riqueza de lo que somos y de lo que debemos ser.
Federico escribió “¡Oh pena de los gitanos! Pena limpia y siempre sola”. Y yo, desde mi humilde visión aspiro a que la pena de los gitanos y nuestras penas, dejen de ser penas y de estar solas. La cohesión de las diferencias como riqueza y no como muro de separación, necesita reivindicarse hoy, más que nunca, como una necesidad vital para entendernos como país que aúne y no separe, que nos enseñe a sentir y que aprenda a sentir según la sensibilidad de los demás, un país que haga del encuentro una forma de aprendizaje rico, sin cautivos ni excluidos.
La cultura gitana le ha puesto música al respirar de lo que es este país. Juntos, iguales, concebidos desde la historia misma de la persecución y el odio racial, hoy deben seguir dando pasos, junto al resto de la sociedad, para construir un espacio en el que, como escribió Federico García Lorca no sean los «ángeles negros” quienes vuelen “por el aire del poniente», sino que, con la luna, hagan “con tu corazón collares y anillos blancos”.













