Artículo de la Presidenta de la Asamblea de Extremadura, Blanca Martín. 
Me lo temía y ha ocurrido. El abismo que ha separado a una isla del continente europeo, en materia de conciencia colectiva y como garantía de progreso, se ha concretado con el triunfo de la secesión, del mejor, desunidos, que con metas comunes, de una forma de odio que utiliza al otro como chivo expiatorio de los propios fracasos.
Lo vengo diciendo desde hace tiempo. Europa se resquebraja porque hemos convertido lo que era un espacio de convivencia y progreso, en un muro lleno de concertinas que paran a los seres humanos no aptos para ser mercancía de una economía, la europea, que flaquea y piensa en lo inmediato sin recordar que la esencia de la Unión es, y debe ser, sobre todo humana y humanista.
El cortoplacismo se ha impuesto, tristemente, al ritmo de enfrentamientos y enajenación en torno a la Euro 2016. La violencia se apoderó de las calles cuando lo que iba a ser una fiesta se transformó en una metáfora de lo que parece ser el clima social del continente. Ya no se trata de pensar un futuro unidos, sino de especular en el crecimiento del aislamiento, los extremismos y los radicalismos que fomentan el odio y se sirven de la desesperación para destruir –o intentarlo- lo que quisimos ser y no debemos olvidar.
Es curioso que el gobierno inglés, una vez ocurridos los atentados terroristas en París, abogara por una unión en materia armamentística para prepararnos, al ritmo de miles de millones de euros, para una guerra que el propio Cameron calculó en su agenda de gastos, duraría una década.
Para el lobbie y el gasto bélico sí valía el continente a una isla que ha hecho de la expansión su imperio. Sólo parece valerles los terrenos donde se imponen en vez de abogar por acuerdos duraderos para que Europa no continúe en su camino hacia un campo minado dispuesto a estallar en cualquier momento.
Lo peor de lo peor de la expresión mediática se volcó para hacer creer al pueblo inglés que los recortes no son los culpables, sino Europa, que la tiranía de la Unión les hacía más pobres porque los extranjeros ocupan sus espacios laborales. Cinismo al más puro estilo reaccionario.
Como socialista no me vale la separación allí ni el preámbulo de la secesión aquí escudado en un derecho a decidir que implicaría el principio del fin de la convivencia en torno a un proyecto común, porque España no es una bandera ni una pulsera, sino un proyecto común basado en la igualdad entre territorios, es decir en la igualdad entre personas.
El Brexit se parece bastante a lo que algunos defienden aquí y atacaron allí, sin valorar que dar pasos en esa dirección nos convertiría en un castillo de naipes en la orilla del mar. Debemos hacer más región, más país y más continente para quitarnos para siempre aquello por lo que han muerto aquí y allí, millones de personas. Separarse de la Unión o de España implica fomentar una identidad nacional y no hay nacionalismo alguno que no haga de su exclusión y de la idea de totalidad su gran bandera. No sigamos por ahí porque volveremos a ser aquello de lo que nos hemos escapado horrorizados.














