César Serrano describe el estado en el que se encuentra José Antonio Monago ante su perspectiva del abismo político. 
En psiquiatría se habla del pánico como un trastorno de ansiedad en el que aparecen repetitivos ataques de intenso miedo a algo malo que va a ocurrir.
No sé qué estará pasando en estos últimos días por ese mundo complejo de la mente del presidente Monago, pero sí creo que tiene todos los síntomas de un hombre dominado por la ansiedad y con repetitivas crisis de miedo.
Algo que me lleva a pensar que estamos frente a un hombre atrapado en el laberinto del pánico.
¿Qué angustia, qué miedo a lo que ocurre ahí fuera no ha de sentir el Gran Timonel, que al asomarse a la puerta de su casa y ver frente a ella a quienes la custodian y velan por su seguridad y la de su familia le lleva a pensar en una realidad travestida y paranoide hasta convertir a sus ángeles de la guarda en seres demoníacos capaces de las mayores atrocidades?
Me duele ver así a mi presidente, encerrado como un Minotauro en este laberinto del pánico, que un nuevo Dédalo lleno de fantasías y mentiras le ha ido construyendo hasta atraparlo.
Ya es incapaz de encontrar la salida, ya ha perdido el hilo de Ariadna, la soberbia se ha apoderado del raciocinio y baga con su ansiedad entre los siete círculos del laberinto del pánico, incapaz de entender lo que en los últimos días le dicen las encuestas.














