Hace unos días, Miguel Bernal acudía a la metáfora del vendedor de mantas y crecepelos para definir la clase de presidente que tenemos en Extremadura. 
Una madre desesperada alzaba su voz frente al presidente, frente a sus políticas sin alma y lo hacía sin metáforas: «Hola soy Susana Fajardo y mi hijo tiene parálisis cerebral. Vivo en Mérida y hoy es 20 de febrero.
El Hospital de Cáceres ha decidido que el especialista de rehabilitación infantil deje de tratar a los niños de fuera del área de Cáceres sin ofrecer alternativas y sabiendo que no hay especialistas en otros hospitales. Abandonan a nuestros hijos en medio de costosos y laboriosos tratamientos que requieren visitas constantes e intervención multidisciplinar.
Por favor ayúdanos a difundir esto para que nuestros hijos no interrumpan un tratamiento que necesitan. Gracias«.
Tenemos un presidente en estado de felicidad permanente ajeno a cualquier otra realidad que no sea la suya e incapaz por lo tanto de asumir como propio el dolor de los otros.
Los otros son los 160.000 parados, son los padres que en Cáceres ven cómo el servicio de cirugía pediátrica se está finiquitando, también son los otros, los miles de extremeños y extremeñas que ven cómo se les deniega la Renta Básica.
Sí, los otros somos ese millón escaso de personas que vivimos en esta tierra mientras su presidente pasa los días de concesionario en concesionario de autos…















