12 de Agosto, Día de la Juventud: «los jóvenes pueden representar un papel principal para garantizar ese consumo sostenible así como para la erradicación de la pobreza, principales objetivos recogidos en la Agenda 2030». 
Decía alguien por ahí, de esos que hoy tampoco se leen ni se estudian, ni se escuchan, que la única virtud de la juventud es el tiempo. Interesante y verdadero pero el tiempo ¿para qué?
No cabe duda que tenemos una cita ineludible con el futuro, con un futuro que ahuyenta expectativas y redunda en el desprecio y la intrascendencia, un mundo con menos liderazgos transformadores y más contertulios de lo inmediato. Así nos va.
A pesar de ello, no deja de ser un reto el sentirse parte del entramado del cambio de los tiempos, porque se antoja no ya como una opción, sino como una encrucijada en la que acertar será un imperativo para abordar lo que venga con garantías de ser algo más que un espacio de servidumbre y contemplación pasiva.
Hay muchos factores que nos hacen ser como somos, más o menos comprometidos, más o menos ávidos a la hora de plantear argumentos y razones para justificarnos ante el otro en un debate sordo y vacío, lleno de #Consignas140 y carente de explicaciones sobre el futuro, es decir, sobre lo que nos imaginamos que debe ser el espacio en el que pisaremos dentro de un par de décadas.
Ha habido generaciones maravillosas que le dieron una vuelta al mundo en medio de cataclismos históricos. La inmediatez nos impide contentarnos con la generosidad de lo que implica construir para los que vienen, pero es una obligación tautológica de la que debemos salir airosos o no seremos nada.
Y para ello hoy, Día de la Juventud, debemos reconocernos en la lucha de los comprometidos que dan su esfuerzo y su capacidad intelectual para dar un paso y otro hacia la suma y la multiplicación de voluntades que venzan la letanía de estos tiempos en los que el consumismo y los domingos de centros comerciales, nos idiotizaron hasta convertirnos en eso, consignas más o menos ocurrentes de 140 caracteres.
Soy de una generación, la del 70’, que comenzó un camino hacia el vacío que hoy nos atormenta, quizás porque heredamos unos tiempos de miedo y violencia. No es excusa porque somos protagonistas del presente. Estamos ante una época que está engendrando otra y, como siempre, es la juventud, la del documento y el pensamiento, la que debe acelerar otra forma de entender el mundo, nuestro entorno y lo que dejemos vivo intelectual y naturalmente.
Confiar en el futuro es de un voluntarismo cerril que no podemos permitirnos. El futuro son las decisiones que tomemos y el protagonismo que hoy tengamos para plasmar lo que, creemos, debe ser lo que no es. Como veis, una disyuntiva filosófica más: entre el ser y el deber ser están todas las preguntas como generación e individuos. De sus respuestas, saldrá una época en la que queramos vivir o una nueva odisea plagada de vacío.
Comunicación PSOE provincia de Cáceres














