La palabra histórica empieza a estar tan manida que ya es utilizada para cualquier circunstancia. Cualquier noticia es bautizada como histórica, desde acontecimientos deportivos, hasta catástrofes, pasando por hechos políticos. La política se llena de victorias, derrotas, decisiones históricas tan a menudo que cuando sucede algo realmente extraordinario ya no se sabe cómo llamarlo.
Pero este año 2020 tiene todas las papeletas para ser histórico, ya que nunca olvidaremos que desde marzo modificamos nuestras vidas, primero al confinarnos y al convivir con mascarilla permanentemente, para evitar contagiarnos de COVID19.
Hemos modificado tanto nuestro modo de vida, que algunas personas se han vuelto insensibles ante las tragedias cotidianas, o han normalizado la cifra diaria de fallecidos por la pandemia, mientras otras han sacado lo mejor que llevan dentro y han sido más generosas, más solidarias, más empáticas.
En la política se ha actuado del mismo modo; ha habido partidos y líderes políticos que han sacado lo peor para desgastar al gobierno, desde el central, hasta el de las comunidades autónomas, sin olvidar al de los ayuntamientos, que han sido los más cercanos y los que más rápido han tomado medidas para ayudar a los más afectados por esta crisis sanitaria, con repercusiones económicas también.
La derecha española parece haber copiado la estrategia que inició el Tea Party americano, con líderes como Sarah Palin, y continuó la derecha alternativa que apoyó a Donald Trump y que defiende el supremacismo blanco, el populismo, el racismo y un largo etcétera de fobias que hace a la humanidad más egoísta, más pobre, más ignorante y por lo tanto más manipulable, hasta el punto de no aceptar los resultados electorales y de asaltar el capitolio.
Afirmaba Isaac Asimov que “hay un culto a la ignorancia en los Estados Unidos. La tensión del anti intelectualismo ha sido un hilo constante que se abre paso en nuestra vida política y cultural, nutrida por la noción falsa de que la democracia significa que mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento”.
Esa afirmación podría extenderse hoy por todo el planeta debido a la estrategia de la derecha de copiar al trumpismo, de menospreciar el conocimiento, de manipular la verdad y hacerse eco de los bulos y falsedades que se difunden por las redes, haciendo así que esa percepción equivocada que confunde a la ciudadanía venza al conocimiento, a las posiciones científicas, a la razón de los intelectuales, en definitiva, a la verdad.
Este tiempo de pandemia debería haber servido para unirnos en lo más importante, en lo trascendente, para confiar en el conocimiento, como se ha confiado en la ciencia que ha hecho posible que llegara la vacuna en un tiempo récord, debería haber servido también para tener de referentes a los políticos que buscan la unidad, la concordia, el consenso.
El 2020 fue un año muy duro, muchos amigos se fueron demasiado pronto, por la pandemia, por el cáncer o por otras enfermedades. Será un año inolvidable, pero espero que sea un año para el recuerdo de todos los que ya no están con nosotros, como nuestra amiga y compañera Charo, que nos dejó el 24 de diciembre y que entristeció aún más nuestras navidades. Ella ha dejado un vacío tan grande en la Diputación, en su pueblo, Romangordo, en todos los alcaldes y alcaldesas que para nosotros, además de ser un año histórico por el COVID19, será un año inolvidable por su irreparable pérdida, porque ella huía de esa forma de hacer política, siempre intentaba buscar el consenso, el acuerdo, la concordia. Por el bien de la democracia trabajemos unidos para superar esa cultura establecida de la posverdad y fortalecer a los políticos que huyen de esa manera de hacer política.













