La primavera es tiempo para cultivar hortalizas, los huertos se llenan de vida, se siguen cosechando cultivos de invierno, como las habas, se aumentan las cosechas de las lechugas, espinacas, acelgas…, y se intensifican las tareas para preparar los cultivos de verano, especialmente el de las solanáceas, pimientos, berenjenas y tomates.
Uno de los cultivos más sencillos y productivos es el de las cucurbitáceas, todo el que ha tenido un huerto lo ha podido comprobar recogiendo grandes cosechas de pepinos, calabazas, sandías, calabacines o zapallitos. Pero tener un huerto es experimentar, cultivar mejor, aprender y por ello se puede hacer un buen símil con la política.
En la actualidad se están popularizando nuevos cultivos, en las cucurbitáceas existen dos especies que sorprenderán por su sabor y forma. La primera es el kiwano (Cucumis metuliferus) o pepino africano y la segunda es el cucamelon (Melothria scabra) o sandía ratón, cualquiera de estas dos cucurbitáceas debería ser cultivada por los horticultores más avezados, pero también por los que se inicien en este apasionante mundo de la horticultura para ser un buen hortelano.
Para ser un buen político es necesario cultivar el arte de la palabra, cultivar discursos llenos de razones y no de insultos, llenos de verdades y no de paparruchas, llenos de esperanzas y no de miedos, llenos de propuestas y soluciones que en definitiva es lo que falta en los discursos de algunos líderes políticos nacionales que habitualmente escucha la ciudadanía.
Este tiempo de pandemia debería haber servido para unirnos en la búsqueda de soluciones y medidas para ayudar a la ciudadanía a salir de esta situación y mejorar de esa forma su calidad de vida. En lugar de cultivar la buena política, la que resuelve los problemas, nos despertamos a diario escuchando posiciones más radicales que únicamente pretenden confrontar y dividir.
Es cierto que no se puede generalizar, porque hay muchos líderes políticos que no practican esa forma de ejercer el servicio público pero, por desgracia, lo que se difunde en los medios de comunicación y las redes sociales es precisamente el conflicto y el ruido.
Las actitudes de la derecha no favorecen para nada esa opinión extendida en la ciudadanía, discursos como el de Pablo Casado el pasado 14 de abril en el Congreso, fecha señalada que la derecha vuelve a despreciar, se acercan más al del mitin a sus adláteres que a un líder de la oposición que busca ayudar a la ciudadanía y apoyar al gobierno que tiene que gestionar la mayor crisis sanitaria y económica del siglo.
En Extremadura sucede lo mismo, el PP ha decidido abandonar las instituciones, se aísla en la oposición y es incapaz de llegar a acuerdos y participar en la búsqueda de las soluciones, como sucedió recientemente en la Asamblea de Extremadura donde no participó en la comisión de estudio para analizar la situación de los precios de los productos agrícolas en la región.
El PP evidenció que no le importa realmente el futuro de la agricultura y la ganadería extremeña, fue el único grupo que incumplió el acuerdo de las OPA con el presidente de la Junta de Extremadura para crear esa comisión y buscar soluciones. Ha sido el único grupo que no ha querido trabajar, busca el conflicto en lugar de la solución, es incapaz de progresar, permanece en su mantra de todo pasado fue mejor. Y expone una situación apocalíptica más propia de la que Comarc McCarthy narra en su novela La carretera, que la realidad que nos rodea.
Ese conservadurismo que caracteriza al PP trasladado a la horticultura, hubiese supuesto que a fecha de hoy el tomate siguiese siendo una planta ornamental traída de américa, porque al principio, en muchas zonas de Europa, no se consumía por considerarlo tóxico. No estaría mal que el PP experimentara y progresara, como los buenos horticultores que han hecho posible que disfrutemos de deliciosos manjares, desde el tomate antaño, hasta el cucamelon o el kiwano en la actualidad.













