Eduardo Béjar: «De la granja a la mesa»

En estos días se debate en los ámbitos agrícolas la estrategia europea de la granja a la mesa y de biodiversidad, ambas incluidas en el Pacto Verde Europeo y que fueron anunciadas, en diciembre, por la presidenta de la Comisión Europea y presentadas el pasado 20 de mayo. 

Es un documento político que tiene que debatirse en el Parlamento Europeo y como todos los documentos tienen aspectos positivos y repletos de buenas intenciones, pero también que generan incertidumbres en la agricultura y ganadería tradicional, sobre todo en lo que afecta a la reducción de fertilizantes y fitosanitarios, sin una alternativa clara para el agricultor, o lo que afecta a la supresión de ayudas a la ganadería y reducción del consumo de carnes rojas. 

Es necesario, sin embargo, destacar los puntos positivos que tiene la propuesta que, apuesta por el fomento de la economía circular, pretende rebajar el desperdicio alimentario, apoyar a los pequeños productores, promover el comercio justo, mejorar el etiquetado, fomentar el comercio de proximidad, aumentar la innovación y la digitalización en la cadena alimentaria y favorecer la protección del paisaje que realizan los pequeños agricultores. 

Después de enumerar los aspectos positivos de la estrategia en el párrafo anterior, parecería del todo improcedente demonizarla por completo, es un documento político de trabajo que debe debatirse, que debe servir de base para legislar y redactar las normativas oportunas que desarrollen la estrategia, de manera consensuada y negociada, por lo que el documento final tendrá variaciones con respecto a la propuesta inicial. 

Desde la Consejería de Agricultura ya se está trabajando con los europarlamentarios socialistas para la defensa de nuestra agricultura regional y de los ganaderos y agricultores, para que aumenten los puntos positivos de la estrategia y se mitiguen las propuestas de difícil aplicación, o las que dejarían sin una clara alternativa a las familias que se dedican a cultivar nuestra tierra, alimentarnos y llenar nuestras despensas, sobre todo ahora que tras la pandemia de COVID19 se ha demostrado lo imprescindible de contar con un potente sector agrícola que nos proporcione alimento diario. 

En tiempos de verdades absolutas, de intolerancia y fanatismo, una vez más se demuestra que nada es negro ni blanco, que hay grises, matices que como con la estrategia de la granja a la mesa evidencian que no todo es malo, que es falsa la premisa de que la supremacía de la unión europea siempre trae normativas que nos perjudican. Gracias a la entrada de España en la UE, se consiguieron muchas ayudas tanto a los agricultores como a las zonas rurales y a la cohesión, se ha reglamentado desde Europa para modernizar este país. 

En este tiempo de cambios y de prioridades, tras la pandemia de COVD19 deberíamos moderar los discursos para trabajar, para sumar, para aportar, para encontrar puntos de acuerdo, porque los radicalismos, los fanatismos, los nacionalismos no suman nada, restan y destruyen en lugar de construir convivencia, porvenir y modernidad. 

Como afirma Joseph Pérez en “Entender la Historia de España”, a mediados del siglo XV en la península ibérica coexistían cinco reinos, el musulmán, en el emirato de Granada, y cuatro cristianos, Castilla, Aragón, Portugal y Navarra. La España indefinida de aquel momento, más que de las 3 culturas era la España de las 3 religiones, donde “primero los judíos y mozárabes estaban bajo la dominación musulmana y posteriormente los judíos y los musulmanes bajo la dominación cristiana”.

Naciones que se gobiernan bajo el poder de la religión y la ambición por engrandecer los reinados, en lugar del sentimiento de país. Como afirma Joseph Pérez, “tras la rebelión luterana y del fracaso de todas las tentativas para restablecer la unidad religiosa de la cristiandad, la Paz de Augsburgo (1552) y los Tratados de Wesfalia confirman que los príncipes son los que deciden la modalidad religiosa de su Estado”. Por lo tanto, menos nacionalismo y más cooperación, menos autarquía y más solidaridad, menos fanatismo y más tolerancia y más Europa.

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