Eduardo Béjar: «Tiempo de unidad»

16 Dic, 2020

Ignacio Abella es un carpintero apasionado por la naturaleza y escritor, que cuenta como pocos “La magia de los árboles”. Es tiempo de árboles, robles, fresnos, abedules, tejos, hayas, sauces, castaños…historias, leyendas y mucha información sobre cada una de las especies más significativas de nuestros bosques, todo un lujo y un placer para los amantes de la Natura.

Hasta nos propone calendarios de cada árbol, muy ilustrativos de sus procesos vitales anuales. Una detallada exposición que nos hace apreciar otro punto de vista de los árboles que nos deleitan con su majestuosidad de manera cotidiana y que en la mayoría de nuestros días pasan desapercibidos y son ignorados por nuestra permanente obsesión por la inmediatez y lo virtual. En lugar de apreciarlos, de comprenderlos y de respetarlos, olvidamos que, para mantener nuestro planeta sano, oxigenado y filtrar la contaminación que lentamente cambia nuestro clima y pone en peligro el futuro de la tierra, son fundamentales e imprescindibles.

Al igual que sin árboles no puede haber futuro, sin agricultores tampoco. Es imprescindible que siga habiendo agricultores que mantengan el medio rural habitado, un paisaje rico y heterogéneo y evitar a toda costa que los cultivos tradicionales se vean amenazados por la denominada “uberización” del campo que deja el campo sin agricultores o expuestos a los intereses de grandes fondos de inversión.

Si en tiempos de pandemia la unidad debería ser una exigencia, la lucha por una agricultura sostenible y por la defensa del agricultor que trabaja nuestro campo, mantiene las zonas rurales habitadas, genera economía local y conserva nuestro paisaje evitando el abandono y la proliferación de incendios forestales, también debería estar en el centro del debate político y debería unirnos por la trascendencia que supone para evitar la despoblación de nuestras zonas rurales. 

Por ello es tan importante que las políticas europeas que establecen las ayudas de la política agraria comunitaria sirvan para evitar esa uberización de nuestro campo, ayuden a los agricultores a trabajar con dignidad, cultivar rentablemente sus parcelas y compensar la pérdida de renta por los bajos precios de sus productos. 

Y es esencial proteger a todas y todos los agricultores, porque son imprescindibles. No podemos permitirnos el lujo de perderlos por falta de empatía y eso incluye a los productores de tabaco de las comarcas del norte de la provincia de Cáceres, que deben poder conservar sus cultivos de calidad, que generan riqueza en la zona, mucha mano de obra y por tanto son un cultivo social imprescindible para mantener la renta, la población y el empleo.

La Consejería de Agricultura, las organizaciones profesionales agrarias, las cooperativas, los partidos políticos están unidos en la defensa de estos agricultores que no pueden verse ignorados ni perjudicados por la simplificación ni por la hipocresía de considerar el consumo de tabaco perjudicial para la salud, puesto que el tabaco se seguirá produciendo y lo hará en terceros países, con menos controles de calidad y sin respetar las condiciones laborales como se hace en las comarcas de La Vera y Campo Arañuelo.

El historiador británico Eric Hobsbawn en su libro “Política para una izquierda racional”, considera necesario reconsiderar la política de izquierda, adaptarla a los tiempos actuales: “es imprescindible que la razón de izquierdas haga una crítica de la emoción de izquierdas”. Acecha el grave riesgo de “confundir la convicción con la prosecución de un proyecto político; el activismo militante con la transformación social y la victoria con la victoria moral (que tradicionalmente ha sido el eufemismo con el que se ha nombrado a la derrota)”. 

En la defensa de los agricultores que humildemente, honradamente y profesionalmente cultivan tabaco, no puede haber victoria moral, debe haber reconocimiento, ayuda, empatía y apoyo decidido porque con esa medida se conseguirá evitar la despoblación. Es tiempo de árboles, pero también de agricultores y de apoyar el cultivo del tabaco en el norte de la provincia de Cáceres, que no podemos ignorar ya que es la mejor medida para mantener los pueblos de la Vera y del Campo Arañuelo llenos de vida y porvenir.

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