Artículo de Blanca Martín Delgado que reflexiona acerca del diálogo como única y gran forma de entendimiento político. 
Estamos viviendo en un contexto político relevante y novedoso a la vez. Relevante porque la aritmética resultante del 20D no facilita la investidura de nadie y novedoso porque juegan, por primera vez, dos fuerzas políticas desconocidas hasta ahora en el arco parlamentario.
En Extremadura ya lo venimos experimentando aunque con el mayor porcentual de voto socialista en España.
El 42% obtenido por Guillermo Fernández Vara otorga una incuestionable legitimidad a la hora de tener la iniciativa desde un ejecutivo decidido a rescatar a la gente, a construir puentes en torno a lo social y a respetar cada una de las representaciones políticas que, extremeños y extremeñas, decidieron respaldar.
En este sentido, y en plena algarabía de poderes, debemos sentarnos y ser capaces de conseguir acuerdos para que la política sea lo que es realmente, es decir un vehículo lleno de soluciones y no un juego de tronos que, sin responsabilidad, puede llevarnos al abismo como país y como proyecto común.
Por cultura y educación política, por pertenencia a un partido que hace de su pluralidad de ideas, incluso, un escarnio, creo firmemente en el diálogo como principio superador de dicotonomías superfluas, de coyunturas específicas y de radicalismos electoralistas.
Un proyecto de país necesita proponer y escuchar, facilitar y sostener, postular y construir. No es una mera posición discursiva reconocerse en el diálogo y luego aportar barricadas, no resulta sensato que, mientras la gente sufre y necesita de respuestas concretas, nos dediquemos a mirarnos el ombligo, unos y otros.
Vamos a salir al campo a jugar sobre diatribas claras. Queremos repensar un país pero necesitamos, españoles y españolas, una serie de políticas directas para suplir el sufrimiento por esperanza.
No es entendible trasladar en el tiempo decisiones que son para ayer. Si el sistema fracasa en sus formas para entender que la gente necesita ya mismo a los partidos políticos, entraremos en una situación de extrema gravedad para el mejor sistema político conocido de cuantos, imperfectamente, conviven en el mundo.
En conclusión, seamos realistas, plantemos cara a la mezquindad y situemos nuestra idea del mundo en un abanico que nos permita sumar para la gente y no sumar para unos pocos porque creer en los personalismos, ahora mismo, es restarle opciones a un país entero.














