El PSOE, por ser un movimiento social con fiel reflejo en la sociedad, con sus virtudes y defectos, está en constante debate: ¿más izquierda o más centrismo? Lo analizamos en este artículo. 
Es incomprensible, si te colocas de frente a la gente y la escuchas -en lugar de digitar histéricamente la tableta- o si, simplemente eres un ciudadano con hijos, cargas económicas y esperanzas por un futuro mejor, lanzar un grito al viento de los augurios pasados y creer, ¡aún creer!, que el PSOE debe ser una fuerza de centro, aséptica, con cuatro o cinco pinceladas discursivas y sin apenas compromisos con nadie más que con la coyuntura macroeconómica. ¡Ridículo!
No estamos aquí por obra y gracia de mensajes mal articulados. Quien crea en los eufemismos atenta contra la voluntad popular y se expone a sí mismo como un conservador más de espacios individuales o, como un buen compañero me comentó estos días, unos meros aprendices de “gestores de la oposición”.
Es cierto también, que después de los años de la burbuja y el “fin de la conciencia de clase” por obra y gracia del dinero barato y de la desenfrenada e impuesta necesidad de consumo, es mucho más complejo –digo complejo, no imposible- visualizar la franja social que responde a valores, repito, de clase. Por tanto, y más que nunca, estamos en un momento donde la transversalidad político-discursiva debe atravesar las diferentes capas con mensajes múltiples y soluciones directas.
Los agoreros del centrismo y su escasa capacidad para observar más allá del solipsismo en el que rumean, desconocen que las fórmulas de la bonanza, el mercado y las “recetas Sebastián” son, en parte, responsables de la travesía del desierto no ya del PSOE, sino de los ciudadanos ávidos de respuestas. El “no soy yo, sos vos” es una apología interesada de la propia mediocridad. No contamos mal nada, simplemente hicimos mal lo que había que hacer bien: ser coherentes con nuestros valores o irse.
Quien tiene la suerte de hacer kilómetros para escuchar y aprender de los compañeros y compañeras militantes y simpatizantes, no puede sino entender lo que se espera de este partido. Renovación, laicismo, fiscalidad social, participación activa, cercanía, defensa de lo público y empleo son algunos de los conceptos más comunes, por repetidos.
Además, el gobierno del PP ha lanzado un órdago definitivo contra el Estado del Bienestar y no daremos batalla restituyéndolo cuando ganemos las elecciones, sino promoviendo el paso que no direccionamos en diferentes materias para blindar su existencia y para efectivizarlo hacia las nuevas e imprescindibles vías que la sociedad actual requiere.
Una transversalidad que, desde la izquierda, concilie la vida laboral con la familiar generando innovadoras formas de espacio y rendimiento; una izquierda que rompa definitivamente el concordato con la Santa Sede y auspicie la separación total y absoluta entre Estado e Iglesia; una izquierda que hable de República sin mordazas; una izquierda que renueve un Poder Judicial más cercano a las épocas oscuras que a las teóricamente equitativas de hoy; una izquierda que dedique todo su esfuerzo a la Innovación para recolocarnos en el planeta del progreso autónomo; una izquierda que asegure la Sanidad Pública y los Servicios Sociales para que las próximas generaciones sepan y defiendan lo que hoy hemos perdido.
A tiempos nuevos, fórmulas nuevas, pero con los valores de siempre. La inmensa mayoría social nos pide, y con razón, un giro a la izquierda para conmover, amparar y potenciar la siguiente transformación que, como siempre que España se quema, le tocará al PSOE impulsar. Bendita obligación…desde la izquierda.














