Fernando Ayala vuelve a compartir otra de sus muy interesantes reflexiones en el siguiente artículo. 
Por Fernando Ayala.-
En una reunión con compañeros de partido, debatímos sobre los objetivos de los socialistas. Algunos abogaban por mimetizarnos con las asociaciones que están desarrollando una encomiable y eficaz labor por paliar los dramas de millones de familias que no tienen ni siquiera para mantener el denominado paquete básico: comida, agua caliente y luz eléctrica.
Sin embargo, una opinión muy autorizada nos hizo cargarnos de otro tipo de argumentos: el PSOE debe ser un partido de Gobierno. Su objetivo es ganar las elecciones. Pero no para llegar al poder, sino para desde allí contribuir a cambiar y transformar estas condiciones de vida que tan sensiblemente denunciamos. Tenemos, por consiguiente, que luchar para conseguir que nadie pase necesidades.
No somos una oenegé, las cuales por cierto están en la mayoría de las ocasiones desarrollando la labor que tendría que hacer el Gobierno. Sabemos diferenciar la solidaridad de la caridad. Esa línea roja que la piel a veces no nos permite vislumbrar. La gestión económica no es la prioridad.
Lo principal es consolidar derechos no servicios. Para ello resulta imprescindible creer seriamente que somos y que tenemos alternativas. Escuchar y oír (que no son las mismas cosas) es preciso. Como bien decía el otro día Miguel Angel Morales : que te vean pero sobre todo que sepan lo que dices.
Así pues vamos a obsesionarnos por cuestiones concretas como el desempleo: esas cifras que en Extremadura no dejan de sorprendernos. El jueves conocimos que 3.000 personas más se han inscrito repentinamente en el Inem con la intención de quedar exentas del pago de tasas para las oposiciones a la Administración que ofrece la Junta de Extremadura.
Es una demostración palpable de que no es cierto que la situación esté mejorando al nivel de lo que nos tratan de decir. Es una prueba más de la desesperanza de miles de paisanos que han dejado, insistimos, de confiar en que sirvan para algo los Servicios Autonómicos y Estatales de Empleo (al menos para ellos).
Incluso para aquellos que tienen el privilegio de poder trabajar no se les garantiza ni siquiera salir de la pobreza, llegándose a acuñar el desgraciado término de «pobreza salarial». Gente que está dispuesta a realizar cualquier tarea a cualquier precio. Gente que no les importa retroceder en la consecución de una serie de derechos que estaban garantizados, o eso era lo que creíamos, el siglo pasado.
Por todas estas razones, para volver, como decía un reciente eslogan, vamos a tener que trasladar a la ciudadanía que no somos iguales. Que somos ejemplares. Que la transparencia ha de ser nuestra guía.












