En 1997 Sting componía la canción They dance alone para homenajear a las mujeres chilenas que bailaban solas, con una foto de sus maridos, hijos, hermanos… desaparecidos y/o asesinados por la represión brutal de Pinochet.
Me viene este dato a la Memoria, justo ahora, cuando hace unos días muchos de nuestros paisanos han visitado sus cementerios para honrar a sus difuntos y a sus seres más queridos.
También lo han hecho miles de militantes y simpatizantes de los que dieron su vida por la Democracia y que fueron víctimas de un franquismo que, en la más horrible de sus crueldades, en multitud de ocasiones, no quiso ni siquiera reconocer que los había ejecutado.
Miles de cuerpos todavía desaparecidos. Miles de historias que no se pierden. Miles de experiencias que permanecen en el tiempo recogido su legado por todos aquellos que saben apreciar el valor de la convivencia y que gritarán, una y otra vez, contra el terror de la tiranía.
Así, un gesto valiente, como el de las mujeres chilenas, que en una metáfora de la huida de la soledad quieren seguir acompañadas de sus amados, lo hemos tenido en muchas mujeres españolas.
Ellas han sido depositarias de un testigo horrible de mantener. La sensación de pérdida totalmente injusta de sus compañeros, de sus familiares, de lo peor que te puede pasar en la vida, como es que te arrebaten, sin ningún tipo de motivo a un hijo, un esposo, un hermano.
Algunos recuerdan verlas en estas fechas, próximas a lo que se suponía una fosa común, combatiendo el miedo a la dictadura, sentadas en torno a una supuesta tumba sin señalar físicamente pero que penetra hondamente en lo más profundo de tus sentimientos.
Hoy en día, volvemos a encontrarnos en torno a monolitos. Frente a monumentos conmemorativos. Al lado de enormes listado de asesinados. Junto a fechas y datos, en muchas ocasiones excesivamente jóvenes.
Siempre nos quedará un lugar donde acudir. Siempre será necesario el recuerdo. Siempre tendremos presentes en nuestras mentes las enseñanzas, el veloz aprendizaje que hemos heredado de ellos.
Sí, ellas ya no danzan solas.













