Nos estamos acostumbrando a mantener un discurso doliente, quejicoso, poco consciente de nuestras posibilidades como región ( incluso si extendemos el foco, como país).
Este fenómeno provoca una rémora, coloquialmente, una piedra en el zapato, que nos impide avanzar, a mi juicio, lo suficientemente rápido. Es como un lastre que da la imagen de que, estamos como estamos, debido a que nos ha tocado en el reparto de la Historia, ser como somos.
Y a partir de ahí buscamos culpables: que si los nacionalismos ( o en el caso español los países y zonas más desarrolladas: el Norte…), que si las clases sociales tradicionalmente más privilegiadas ( que usaban y abusaban de nuestros recursos) o incluso, en el colmo de tirar balones fuera, la propia élite política que nunca ha sabido mirar por su propia tierra.
Sin embargo, no solemos exhibir el amplio espectro de posibilidades, de realidades, de recursos, de talento que siempre hemos poseído.
Para poder reivindicar con fuerzas, con garantías, tenemos que mostrar, tenemos que demostrar, que realmente somos capaces de estar a la altura ( en muchos casos por encima) de muchos territorios que habitualmente ocupan puestos mucho más relevantes que nosotros en variados ámbitos de actuación.
Y no únicamente los territorios, también las personas. Tenemos en nuestra Comunidad un amplio elenco de gente, no solamente excepcionalmente formadas, sino que han destacado, han sobresalido, respecto a los que les rodean.
Y es cierto que muchos se marchan. Pero no lo es menos que a su vez desarrollan una trayectoria que nos enriquece a todos. Que nos hace sentirnos orgullosos de nuestros paisanos. Que a veces les conmina a devolver y lo hacen con extraordinario gusto, todo lo que recibieron desde la cuna.
Por eso tenemos que recurrir en más de una ocasión a discursos que pueden parecer decimonónicos pero que quizás estén de candente actualidad. ¡Levantaos!, dejad de limitaros a la protesta o a la resignación. Mostrad con orgullo el valor de lo que producimos, de lo que tenemos, de lo que somos.
Ya no es una anécdota el reconocimiento exhibido por nuestros artistas, escritores, científicos, profesores, deportistas, emprendedores…
Profundicemos en ello. No nos quedemos tan solo en el lamento.













