Fernando Ayala: Sentir

7 Mar, 2022

El mundo de las emociones, que compite siempre por el predominio con el de la razón, nos trae a colación la demostración de lo que en realidad debe constituir ser ciudadanos del mundo. 

En medio de un combate entre democracia y autocracia nos vemos sensibilizados ante el horror de una guerra, que esta vez sí, nos queda demasiado cerca. 

Por eso empezamos a sentir miedo real. Indignación real. Repulsa real. 

No aceptamos creer que esto suceda. Argumentamos contra la expansión discriminada que se trata de Europa. Que vivimos en el siglo XXI. Que no podemos matarnos entre nosotros.  

Mientras, mucho más cerca geográficamente de nuestras vidas, rusos y ucranianos conviven pacíficamente: en bares, comercios, eventos… sin embargo los que rigen sus destinos como países tienen otras prioridades, muy ajenas a los intereses verdaderos de la gente. 

Por otra parte, el horror de la muerte que todavía está a miles de kilómetros de nosotros, nos atenaza con sus repercusiones económicas. 

Es revelador cómo las tímidas reacciones en contra de la continuación del conflicto bélico ( exceptuando obviamente las valientes protestas internas reprimidas sin pudor), vienen de los plutócratas rusos que empiezan a ver cómo el bloqueo, el aislamiento internacional y  la sentencia de la fuerza,  no es el único motivo que te puede llevar a conseguir tus objetivos. 

Muy acertado me ha parecido el hecho de que los defensores de los Derechos Humanos se hayan movilizado rápidamente para cuestionar su vulneración y sobre todo para emprender la marcha en busca de la ayuda humanitaria que, sin duda, es enormemente necesaria y agradecida por todos los afectados. 

Muchas imágenes desoladoras de ataques a la población e infraestructuras civiles están impactando en nuestra retina. Conmueven las entrañas de cualquiera que en su interior desprecie el enfrentamiento entre hermanos. Con tantas cosas que pueden unirnos, seguimos poniendo el acento en las diferencias y en el impulso que da la brutalidad. 

Así pues, si bien deberíamos sentirnos afectados por muchos más acontecimientos similares que están y han estado sucediendo recientemente por todo el mundo, no es menos cierto que, parafraseando a Alejandro Sanz “ no hay más miedo que sentir que no sientes nada”. 

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