Iván Sánchez analiza la drámatica situación de desempleo que vive la ciudad de Plasencia en este artículo de opinión. 
Por Iván Sánchez.-
Este mes se han publicado los datos reales de la pobreza en España, las cifras no son nada esperanzadoras:
La Encuesta de Condiciones de Vida que publica el INE anualmente, sitúa a una de cada cinco personas en España en situación de pobreza.
El último Informe de Cáritas advierte que la pobreza severa ya afecta a tres millones de personas en nuestro país, el doble de los que estaban en esta situación en 2007.
UNICEF cifra en más de dos millones los niños y niñas que están por debajo de umbral de la pobreza y su número ha aumentado más de un 10% durante la crisis.
Pero aún se puede hilar más fino, ya que formamos parte de esa “nueva” pobreza que amenaza con exiliarnos a la exclusión social. El último dato de octubre que cifra en 5853 desempleados en Plasencia, ha puesto de manifiesto que el principal drama de los ciudadanos sigue siendo no tener trabajo. Viendo que cada mes sigue escalando el desempleo, y teniendo en cuenta que las familias están “asfixiadas” con subidas de impuestos y gastos, a lo que se une que los salarios hayan bajado entre junio de 2012 y junio de 2013 en la región un 7,6%, la desesperanza aumenta y la ilusión disminuye.
Son muchas las personas que están sufriendo las consecuencias negativas de la actual crisis, gentes que han perdido su empleo y que están encontrando especiales dificultades para desempeñar una actividad laboral, y que se sienten molestas cuando otros utilizan su actual situación para atribuirles la condición de paradas, no quieren ser tratadas como un número y merecen que la sociedad y quienes las representan reconozcan su esfuerzo diario por mejorar su empleabilidad.
La desazón derivada de la destrucción del trabajo y el aumento del desempleo en Plasencia, ha llevado a la falta de confianza en quienes deberían aportar soluciones a sus dificultades económicas, sociales y laborales, en lugar de limitarse a constatar una realidad de la que todos somos conscientes y ante la que los ciudadanos demandan alternativas y propuestas de presente y futuro.
Hoy, hay una “línea muy fina” que separa a la familia media de la familia empobrecida, representando la pérdida del trabajo uno de los elementos que hacen cruzar esa línea. Desgraciadamente, la familia media se está convirtiendo en una “especie en peligro de extinción”.
A los placentinos les preocupa: el elevado nivel de desempleo que tenemos en la ciudad, con el mayor crecimiento del paro en los últimos años de las ciudades de Extremadura, la reforma laboral que está produciendo una precariedad nunca vista hasta ahora, la elevada tasa de parados de larga duración que se están quedando sin prestación, las grandes lagunas para acercarse a la renta básica que no deja de ser una ayuda excluyente. Preocupa igualmente, la escasa calidad del poco empleo que se genera entre los jóvenes.
Las medidas que están poniendo en marcha en relación al empleo después del verano son actuaciones inconexas que no están organizadas en ninguna estrategia. Parece que el equipo de gobierno de Plasencia no tiene un plan para acometer el drama del paro en la ciudad.
El sentir común de los ciudadanos es unánime: queremos empleo para vivir dignamente. Votamos en unas urnas para mejorar nuestra calidad de vida. Nuestro trabajo no es vigilar a quien gobierna para que cumpla con su cometido, que no es otro, que proporcionar, garantizar y defender los derechos de los ciudadanos.













