El borrador de reforma impuesto por el PP y su personaje más reaccionario es un atentado contra las libertades y obliga a la ciudadanía a retrotraerse a épocas pre-constitucionales. 
El PP está convirtiendo a España y Extremadura en un campo de batalla ideológico sin la menor tolerancia al diálogo. Con cada borrador, idea o declaración de la derecha nacional o regional, nos volvemos a convertir en un caldo de cultivo de la marginación y la división.
Tenemos la obligación de analizar este fenómeno educativo pre-constitucional lanzado por Wert. La derecha franco-democrática apunta a que la discusión se plantee desde el pro o el anti catalanismo para bipolarizar el debate y extraer de la discusión a las demás fuerzas políticas federalistas.
No, no solo es un ataque al catalán, con aquello de las cuotas obligatorias de la enseñanza del castellano -¿hay algún catalán, vasco o gallego que no hable castellano?-, sino que planta sus garras en el corazón mismo de la libertad educativa, ciudadana y del conocimiento.
Vuelve, la derecha franco-democrática, a obedecer al sector más reaccionario de la Iglesia Católica que da la espalda a los trabajadores españoles, que da la espalda a la igualdad entre géneros, que da la espalda a la elección de las mujeres y la vida, pero que apunta y especula con la segregación.
En la Europa del siglo XXI, no enseñar Ciudadanía, no enseñar más lenguas extranjeras, más ciencia, más prevención sexual, más civismo y, por el contrario, apuntar como asignatura obligatoria la doctrina católica es, sencillamente, medieval y reaccionario. Nos hunde como nación y nos avergüenza como progresistas y laicos dentro de un estado aconfesional.
Mientras Rajoy se inclina ante Merkel, mientras Monago se inclina ante los inclinados, y en el Parlamento Regional, los palmeros apoyan el expolio de la razón y la igualdad, con esta reforma educativa puesta en la mesa por el Ministro Wert, nuestros hijos estarán peor preparados, se formarán menos en Ciudadanía y, mientras se favorece la educación privada-concertada, la inmensa mayoría se quedará a las puertas de todo, excluidos.
Es impresentable volver a las épocas de la dictadura nacional-católica y que mientras los niños holandeses son trilingües con 10 años, los nuestros deban examinarse de religión –o su alternativa- y que promedie en la nota final.
El Estado no es un zulo ni un campo de batalla, es lisa y llanamente, la casa de la ciudadanía donde los valores y el respeto –más aún en la España pluricultural– deben abonar el camino del crecimiento y la modernidad.
Las necesidades que provoca la política del PP son cada vez más vetustas porque nos llevan a épocas pasadas y tristes. Gobierne quien gobierne, no es éste el camino. Estamos obligados a entendernos si creemos en España, en Extremadura y en los ciudadanos. No será rezando en los colegios donde nos volveremos competitivos y pujantes. Es necesario un cambio y un cambio ya.














