Esta semana leía un artículo muy interesante de Emilio Lamo de Espinosa El mundo tras la tormenta: como un caracol dentro de su concha... en el que analiza y reflexiona sobre la situación mundial durante la pandemia, en uno de sus apartados se concretaba que “durante meses, los ciudadanos de medio mundo hemos vivido confinados en nuestros hogares, pero conectados a los medios de comunicación que nos trasladaban las instrucciones de los gobiernos, es decir, de los Estados. Y entre los hogares y los Estados, hemos estado encerrados, sin casi nada entremedias. Así, la primera institución que sale claramente reforzada es la que siempre proporciona seguridad en última instancia: la familia, en sus más diversas formas.”
¿Pero qué sucede cuando el horror y la violencia se encuentra en el seno más íntimo de tus relaciones? ¿Cómo habrán sido sus días, las noches de quienes padecen este infame terrorismo dentro de esa pequeña concha? La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, alertaba sobre el impacto de la Covid-19 en las mujeres, y especialmente en las víctimas de violencia abocadas a confinarse con su agresor: «El confinamiento aviva la tensión y el estrés generados por preocupaciones relacionadas con la seguridad, la salud y el dinero. Asimismo; refuerza el aislamiento de las mujeres que tienen compañeros violentos, separándolas de las personas y los recursos que mejor pueden ayudarlas. Es la situación perfecta para ejercer un comportamiento controlador y violento en el hogar». Este 25 de noviembre, así como todos los días, debemos condenar la violencia de género y luchar incansablemente para que este atentado contra las mujeres acabe de una vez por todas. El Presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara apostaba por la escuela como una de las soluciones, en el lugar donde aprendemos a respetar y convivir.
Hoy también es su día, y desde aquí quiero no solo felicitarles, sino darles las gracias por tantas horas de esfuerzo y dedicación mientras permanecíamos en nuestras conchas, darles las gracias por ser capaces de aprender a velocidad de vértigo para seguir enseñando pasara lo que pasase ahí fuera, por no cejar en el principal de los objetivos, que nadie perdiese su formación, la llave maestra del mundo, para que nadie perdiese sus oportunidades, gracias por vencer al miedo y hacer de esa piedra angular el mejor de los espacios seguros.
Dicen que a los caracoles se les relaciona con la perseverancia, la adaptabilidad y el crecimiento.
Cuando hayamos salido de nuestras conchas, las mejores lecciones las habrán dado ellos y ellas, y fue con su ejemplo.













