Leía una de las mejores enseñanzas que esta crisis podía darnos, quizá una de muchas, pero no por eso menos importante. Decía el titular “La mejor medicina contra el odio es la cooperación”, el autor era Ángel Calle, Director General de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y no podía estar más de acuerdo, aún, en esos momentos, retumbaban en mi cabeza las últimas palabras del presidente de la Junta de Extremadura en el Debate del Estado de la Región, en mitad de una pandemia dirigiéndose a ella, a la cooperación. Uno sabe que en estos precisos momentos de dificultad para todas y todos, es el último momento para abandonar a quien más te necesita, aún más cuando es la convicción la que te guía en lo que haces y en lo que crees, aún más cuando quienes entienden en este mundo global que son las sinergias las que hacen que crezcas, porque crecen contigo, de igual a igual, solo así podría entenderse tanta riqueza cultural, pero también científica y social.
Esa famosa vacuna que hoy se pone, que tantas esperanzas nos genera, tiene el sello de una concepción de un mundo solidario, global y sin guetos, sin reticencias, sin prejuicios. Lleva la seña de entender que todas y todos somos, estamos y aportamos. Es la vida, su gestión en la igualdad de oportunidades, de los servicios públicos a este objetivo. Es una forma de ver la vida, la humanidad, de esa que no es nueva, de esa que enrollaba papiros y se acumulaban por un saber y progreso universal; la misma que quemaron los de la ceguera única, y primigenia sabiduría de haber nacido o educado en un espacio privilegiado. A pesar de ello, recordemos siempre de donde vienen cada una de esas historias que nos hacen o las letras de donde vinieron, aves de paso siempre, de un aquí y allá que nos han hecho y que vendrán.
De tantos momentos de excepcionalidad vividos, de tantas pérdidas, renuncias, de tanto dejado en el camino pero también de la fuerza de mirar hacia delante sin abandonar a nadie, me gustaría señalar, que en estos mismos momentos, cuando todo parecía paralizado, la única región que sacó adelante una convocatoria en materia de cooperación fue Extremadura.
Ahora que los tambores del odio cogen las baquetas para que suene su sonido a lomos de la desesperación, la pena, la dificultad y la incertidumbre será nuestra respuesta demostrar lo que aprendimos en lo más crudo de la pandemia, solo con la acción de todas y todos coordinada y desde la más pura humanidad, podemos salir de la crisis, por justicia social, por la igualdad, por nuestra propia identidad, de esta crisis se sale cooperando.













