Artículo semanal de la diputada socialista Lara Garlito. 
Por Lara Garlito.-
Una de mis amigas siempre nos recuerda que su abuela no deja de repetir con sorpresa: al final el mérito va estar en la normalidad y ser normal. Una cultura educada en fomentar el mérito de lo extraordinario, en alcanzar el punto más alto de un área, ha construido un espacio donde la diversidad, lo original y diferente ha pasado a ser lo normal. Esta mezcla de conceptos entre ordinario y extraordinario con la normalidad y la excepcionalidad hace que en muchas ocasiones nos cueste diferenciar los conceptos, o si lo positivo es uno u otro; siempre nuestro criterio atendiendo a nuestro tiempo y espacio será el que debe marcar la diferencia entre uno y otro, y el matiz positivo o negativo que decidamos porque, ¿qué es lo normal?
Sería un error pretender establecer qué significa normalidad en los diferentes ámbitos de una sociedad o incluso entender que la normalidad en todos los aspectos es positiva o negativa, pero hay quienes juegan con ello, e intentan imponer cuándo es una cosa u otra, en función de intereses y con ello consigan confundir, y quizá, engañar.
Como también nos negamos a ver normal las averías en nuestro tren, o que todas las semanas desde esta columna se mencione su estado lamentable y nuestro aislamiento sistemático, no es normal, es excepcional que decidas viajar, compres tu billete, hagas planes, llegues a la estación de tren a tiempo y te quedes en tierra: no es normal. Extraordinaria será nuestra queja mediante movilizaciones en octubre.
Deseo que sea normal noticias como en la que se situaba a la Universidad de Extremadura entre los mejores centros de investigación del mundo en la física de los medios granulares, muestra un personal extraordinario.
Normalidad para la extraordinario de Extremadura.













