La Diputada socialista, Lara Garlito, reflexiona sobre los atentados de París y lo que nos tocará vivir. 
Hace más de diez días que el terror y la barbarie se instaló en París y París se convirtió en nuestra casa. Sentimos su dolor, sentimos su miedo. Es imposible no pensar y poder olvidar las imágenes de la parte de atrás de la sala Bataclan: las víctimas presas del pánico colgadas en ventanas, otras corriendo intentando ser cobijadas en casas que desde momento ya eran sus hogares, y otras, las más numerosas, llevando consigo, a su lado, a sus heridos, dejando claro y presente que la esencia de Antígona está siempre con nosotros y nosotras.
¿Cómo reaccionar ante tal suceso?
¿Cómo reaccionar ante estas imágenes?
¿Cómo reaccionar ante este sufrimiento?
¿Cómo reaccionar ante tanto dolor?
Entereza, solidaridad, confraternidad, humanidad, empatía…en palabras de la alcaldesa de París Anne Hidalgo “París está aquí, en pie. Vamos a sufrir, pero la alegría de vivir que tiene esta ciudad no la van a destruir”.
Una lección para todos y todas pero sobre todo es una exposición de principios: FUERZA Y VIDA.
Irracional e inevitable es culpabilizar y buscar al responsable de tal dolor y desconcierto: la religión y el fanatismo, en palabras de otro compatriota de Anne Hidalgo, Voltaire “la religión mal entendida es una fiebre que puede terminar en delirio”. Y así es.
Encontrados los culpables y detectado el peligro apareció una palabra tan terrible como lo ocurrido, la palabra guerra (Esto es un acto de guerra. F. Hollande).
¿Es como dice ese refrán popular “una buena defensa es un buen ataque”?
¡Qué recientes suenan las palabras de Schuman en ese momento!
“La Paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de una relaciones pacíficas”.
Mezcla en esta declaración de conceptos que van unidos paz, libertad y seguridad y que peligrosamente se confunden con un falso antídoto que es la guerra y la coartación de derechos individuales en virtud de los citados.
Hagámonos la misma pregunta que hacía J.F. Kennedy en tiempos convulsos: ¿Qué tipo de Paz queremos? Y respondamos como él lo hizo: “No queremos una Pax Americana impuesta al mundo por las armas estadounidense” y definamos la Paz como “el fin racional necesaria de los hombres racionales”. “La Paz mundial como la paz en una comunidad no exige que cada hombre ame a su vecino, sino solo que vivan juntos y se toleren y que sometan sus disputas a juicios justos y pacíficos”.
Ante las armas promulguemos los valores que emanan con la Ilustración de esa patria que ha sentido el susurro de la palabra maldita.
Obviamente esto no es un canto a la ingenuidad y buena voluntad sino al de la fortaleza inquebrantable de mantener firmes nuestros ideales, constituciones y todo aquello que nos construye como una sociedad libre y democrática.
Y desde esta perspectiva sepamos reaccionar frente a las imágenes de una Bruselas repleta de fuerzas de seguridad y una Siria que clama al mundo. Seamos justos y no víctimas del miedo, luchemos, como hace bien poco decíamos en la Asamblea de Extremadura, por la universalidad de la libertad.














