Lara Garlito: «Una portada para soñar»

15 Nov, 2021

El día de las librerías fue ayer, vi muchas viñetas, agradecimientos y recordatorios en todas mis redes sociales, así que, en cada instante que entraba e indagaba en ellas pensaba en qué decir hoy, no quería olvidarlo por cuán importantes son en mi día a día; no dejaba de pensar en que, por ejemplo, celebro en ellas los cumpleaños de todo mi entorno más cercano, siempre cuento para quién va dirigido el regalo, es imposible que no me ponga a charlotear mientras lo envuelven, otras, comento la actualidad que me recuerda cada título, otras, me trasladan qué sucede y qué sienten; y otras, no hablo, me pierdo, me recojo, y solo respiro la tranquilidad y la libertad de estar en ese espacio, la paz y la crítica al mismo tiempo, que es, al final de todo, lo que me permite razonar.

Recuerdo que unos Reyes Magos mis hermanas fueron a recogerlos a una librería que yo frecuentaba, su sorpresa fue que la librera le hubiese dicho al referirse a mí: ¡ella es de casa!

Creo que eso es lo que son, una casa, un hogar, que generan cultura, comercio, riqueza, hacen barrio, calle y, sí, a veces, también familia. Desde aquí agradezco a todas las libreras y libreros su trabajo y dedicación, formáis parte de nuestras vidas.

Y si es en esos espacios donde se sueña, se piensa, y con ellos, los libros, se gesta la opinión, la portada de noviembre del New Yorker nos recuerda que el mejor de los referentes se encuentra en ellos: Don Quijote. Sus molinos, hoy aerogeneradores, son los sueños imposibles que hay que vencer para hacerlos realidad. Decía el autor de la portada, Erik Drooker, que su objetivo era que quienes asisten a la cumbre mundial del clima que se está celebrando en Glasgow, tomen conciencia de nuestra relación con el planeta y la nueva realidad a la que nos enfrentamos.

Las guerras se enmascaran de otros modos, las bombas, se trasforman y las presiones se disfrazan en facturas cotidianas, los sueños, las peleas y los monstruoso molinos aparecen en los telediarios con otrascaras. Como le dice Don Quijote a Sancho, «las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza». No hay duda que en todos ellos emergen enemigos escondidos y sumergido: «el divide y vencerás». La división en forma de inestabilidad… tan viejo como los libros… tan viejo y tal actual.

Por eso celebro que la tan vieja Europa haya sido capaz de responder de forma contundente a quienes utilizan el dolor y la necesidad de las y los refugiados, su vulnerabilidad, su fragilidad, en las fronteras de Polonia para atacar precisamente el carácter aperturista y democrático del viejo continente, y evidenciar que el famoso buenismo, criticado por la barbarie (permitídmelo), no funciona.

Las sanciones frente al régimen de Lukashenko continuarán. Josep Borrell apela a la creación de nuevas figuras para combatir estos ataques.

«Cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana». Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

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