Memoria Histórica: caminando en el dolor

Hablar de Memoria Histórica genera histeria, valga el juego de palabras, de los sectores más conservadores de nuestra sociedad. Enseguida saltan con una serie de improperios predeterminados, sin racionalizar, generalizando, de manera excluyente y sobre todo, sin someterse al escrutinio del diálogo o del intercambio de pareceres. 

Por esa razón es bueno, y un saludable ejercicio de democracia reflexiva, exponer nuestras opiniones. En el caso que estamos abordando, a mi juicio, una de las deudas de nuestro pasado reciente, empezó a quedar saldada con la aprobación de la Ley de Memoria Histórica. Si bien, para amplios colectivos quedaba mucho terreno por abonar (pues buena parte de las pretensiones iniciales se quedaban a medias), no es menos cierto que fue un primer gran avance.

No creo que a nadie le perjudicara que se pudiera enterrar los restos de los desaparecidos. Tampoco creo que a nadie le hiciera daño que se homenajeara (por sus afines o simplemente por aquellos que quisieran valorar su trabajo) la memoria de muchas personas que tuvieron un papel protagónico en la vida de nuestros paisanos en la década de los 30. No menos importante fue la divulgación de libros, la realización de Jornadas, la edición de documentales…. en las que no se pone impedimento a las ideologías. A nadie le debería extrañar que, como sucede en Europa (nuestro referente más inmediato) no sea políticamente correcto exaltar los símbolos de la Dictadura.

Sin embargo, con la llegada de la derecha al Poder nacional, la Ley ha quedado difuminada. Han desaparecido los medios que permitían desarrollarla o meramente poder llevarla a cabo. En este sentido, es muy plausible la labor de la Junta de Andalucía, donde un gobierno de izquierdas ha apostado por la continuidad en este tipo de Programas y por, en la medida de sus posibilidades, continuar con el máximo número de ayudas para reparar las sensibilidades dañadas, incluso planteándose la elaboración de una norma legal autonómica.

Igualito que en Extremadura, donde se había realizado un ingente trabajo con la coordinación de distintas instituciones: Junta, Diputaciones y Universidad y a las que, día tras día se le están poniendo todo tipo de obstáculos para conseguir lo que se ha hecho en el Gobierno de Madrid: dejar en papel mojado las intenciones de la Ley. La primera en desmarcarse fue la Diputación de Cáceres al no contribuir con la parte que le correspondía por Convenio, pero es que la Junta de Extremadura tampoco está poniendo mucho de su parte. Apoyada por IU que no vemos tampoco en este asunto que contenga las ínfulas de destrucción de todo lo que suene a progresía se hace corresponsable de la eliminación de los campos universitarios de trabajo este verano, de la supresión de ayudas a la investigación, de la disminución de la atención a las víctimas del franquismo, de los palos en la rueda a las prospecciones…. ese debe ser lo que ellos entienden como un giro a la izquierda en el gobierno de Extremadura.

La Memoria Histórica (y Democrática, añadiría yo)  debe comprender los vestigios de nuestro pasado, algunos que nos llenarán de orgullo, otros de rabia, los menos de indiferencia y que agrupan desde las actuaciones de los políticos republicanos, pasando por el drama de la guerra, la oscuridad de la Dictadura para desembocar en la Transición, época por cierto que, en nuestra Comunidad, necesita una amplia investigación y difusión.

Pese a quien le pese y parafraseando a Los Piojos, seguiremos caminando en el dolor.

Fernando Ayala Vicente

Doctor en Historia y Secretario Para el Análisis de la Historia del Socialismo de la Ejecutiva Provincial del PSOE de Cáceres

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