Este 25 de noviembre conmemoramos, un año más, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. No es un día más, porque el machismo ha asesinado a 1117 mujeres, ha asesinado a 44 menores y ha dejado casi 350 huérfanos. Desde 2003, en cifras frías, el machismo ha sido más letal que el terrorismo de ETA.
Desde las organizaciones políticas y sociales no podemos limitarnos a repetir consignas, realizar minutos de silencio y a lucir brazaletes conmemorativos. Nuestra obligación es dejar de ser cosméticos e hipócritas para convertirnos, todas y todos, en una muralla decisiva en esta lucha a vida o muerte.
Desde aquí exijo menos devoción en las misas que recuerdan a un genocida como Franco, es el caso de la que asistió el pasado 20 de noviembre el Señor Casado, y más voluntad de construir un país sin odios ni machismo.
Ser ejemplares no es una opción. Es un imperativo moral que todo demócrata debe seguir a rajatabla. ¿De qué nos sirve leer un Manifiesto por la mañana o asistir a una manifestación por la tarde, si se permite y se silencia que un sentenciado en firme por violencia de género, se mantenga en su cargo?
Esto es lo que ocurre en Malpartida de Cáceres, con la vista gorda de un partido, el PP, que se rasga las vestiduras para hablar de según que personalismos y divismos internos cuando, a la hora de ser ejemplar, mira para otro lado. La indiferencia y el silencio son la madre y el padre de toda violencia, y la machista no es la excepción.
Legislar a favor de la vida no es un designio celestial por el cual se quiere impedir que las mujeres sean dueñas de su propio cuerpo. Es, por el contrario, fortalecer un sistema democrático sin fisuras en materia de igualdad y prevención de toda violencia por causa de sexo, religión o procedencia.
Desde aquí exijo menos devoción en las misas que recuerdan a un genocida como Franco, es el caso de la que asistió el pasado 20 de noviembre el Señor Casado, y más voluntad de construir un país sin odios ni machismo. Qué menos que exigir la dimisión de un condenado por maltratar a su ex mujer como ejercicio real de fortalecimiento institucional. De lo contrario, daremos paso a la impunidad, antesala de toda descomposición democrática.













