Miguel Á. Morales: «9 años sin ETA»

23 Oct, 2020

El pasado martes 20 de octubre, se cumplieron 9 años del fin de ETA. Aquel 20 de octubre de 2011 toda la sociedad española respiró aliviada después de sufrir cuatro décadas de sinrazón, de ignominia, de crímenes y de desolación.

La paz en el País Vasco nos costó la vida de muchos compañeros. Hubo un tiempo en el que era más común ir a un funeral que a una reunión de partido. Los demócratas de allí y de aquí, por marcar una frontera que nunca debió existir, sufrieron el horror en carne propia por el simple hecho de defender que un país, una nación, una patria, si se quiere, se siente como a cada uno le dé la gana, y no como la pureza de sangre o las banderas impongan.

No voy a hacer una lista de nombres de quienes fueron arrebatados de su vida porque sería injusto. Hubo tantas y tantos, con nombres y apellidos, que sería imperdonable olvidarme de alguno.

Pero también ha habido tantos o más, sin nombre ni cara para la inmensa mayoría de la sociedad, que fueron perseguidos por el terrorismo ciego de quienes hicieron de la sangre un culto a no sabemos qué idea trasnochada.

Peluqueras, trabajadores, estudiantes, gentes de a pie que vieron cómo, de una u otra forma, se fue ensombreciendo su vida ante el miedo, ante el silencio, ante la mirada acusadora de vecinos que, detrás de una pancarta, se creían con derecho a decidir sobre la vida de los demás.

Hoy, casi una década más tarde, quiero recordar a un gobierno, el de José Luis Rodríguez Zapatero y su indispensable, Alfredo Pérez Rubalcaba. Dos de los dirigentes y servidores públicos que más hicieron por este país y que dejaron, como un legado imborrable, el final del terrorismo, el final de ETA.

Aquel 20 de octubre de 2011, Rubalcaba nos enseñó: “Y siempre, pero hoy más que nunca, debemos tener presente a las víctimas de tantos años de violencia terrorista. Las víctimas son los depositarios fundamentales de la memoria de estos años, y también los garantes de que nadie vaya en el futuro a reescribir la historia, a ofrecer un relato diferente de lo que en realidad ha sido. En estos momentos me acuerdo sobre todo de quienes fueron asesinados por ETA en el tiempo en que fui ministro del Interior; de ellos y de sus familias. Recuerdo su sufrimiento y la profunda certeza de ser víctimas de la injusticia y de la barbarie. Ellos, más que nadie, pensarán lo que hoy yo no me quito de la cabeza: ojalá que este día hubiera llegado antes. Pero hoy, y esto es lo que quiero decir al final de esta intervención, hoy es un día para celebrar la gran victoria de la democracia. Nada más y muchas gracias.”

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