Miguel Á. Morales es Presidente de la Diputación provincial de Cáceres.
El cine llegó al mundo para cambiarlo definitivamente. Quienes creen que es solamente entretenimiento se equivocan. A principio del siglo pasado, la revolución rusa se hizo universal, en gran medida por cineastas como Sergei Eisenstein (El acorazado Potemkin, Octubre) quien, con un lenguaje fílmico novedoso y haciendo del montaje un arma ideológica, apuntó a las conciencias del mundo para instalar la dictadura del proletariado como la verdadera rebelión contra las oligarquías del planeta.
El cineasta ruso nos enseñó que “el cine no es solo entretenimiento, es un medio de expresión artística que puede transmitir ideas sociales y políticas”. Y vaya si lo hace. Del otro lado del hemisferio ideológico, Leni Riefenstahl, sublimó la “superioridad” aria en El triunfo de la voluntad y en Olympia (sobre los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936). Antisemita maquillada por el arte, hizo de Hitler un líder de masas, un semidios que representaba lo nuevo y la hegemonía de la raza blanca.
Tanto el ruso como la alemana hicieron del cine la principal y más eficaz herramienta ideológica, virtud que aún conserva el séptimo arte y que, bien utilizada, se convierte en un maravilloso vehículo de conocimiento, sensibilidad y valores.
En la presentación de la 32 edición del Festival de Cine Español hice referencia al sentido reivindicativo del cine, con la película El 47, porque el protagonista de la historia, el real, (Manuel Vital) es de Valencia de Alcántara, fruto de la emigración como consecuencia de la represión y del fascismo que asesinó a su padre, cuyos restos fuimos capaces de recatar de la Mina Terría. Aquí el sentido reivindicativo, solidario y justo que el cine tiene para rescatar la memoria y la dignidad de la gente, es un ejemplo.
No hay nada mejor que conocer nuestra historia, lo que nuestra gente sufrió en los años de plomo, silencio y persecución, en los años de una dictadura que hoy quieren reivindicar los secuaces del odio y del totalitarismo.
Qué mejor que el cine, qué mejor que las administraciones para respaldar la creatividad al servicio de los derechos humanos a la memoria y la reparación.
Como Presidente de la Diputación provincial de Cáceres me comprometo a seguir haciéndolo porque las generaciones de hoy y las de mañana no pueden ignorar de dónde venimos y el esfuerzo que, como sociedad, nos costó construir el sistema de libertades que hoy disfrutamos. Una política cultural pública es, sin duda alguna, la mayor de las garantías.













