El pasado 6 de diciembre se cumplieron 43 años de la Constitución, un Acuerdo, con mayúsculas, que comprende las concesiones de todos las sensibilidades políticas que, hace cuatro décadas tuvieron la capacidad de entender que un país como el nuestro debía crecer a partir de acuerdos que garantizaran la libertad y la convivencia.
Aquella Constitución, aún vigente, fue el resultado del diálogo en el que el país y su paz social estaban por encima de cualquier mezquindad sectaria. Fueron los acuerdos a izquierda y derecha la causa fundamental del crecimiento de una España que, vaya paradoja, “los patriotas” de la dictadura la habían dejado a años luz de las demás naciones europeas.
Hoy debemos valorar el esfuerzo de una generación que conoció los horrores de la dictadura, la pobreza de las clases populares y la desigualdad en todas sus variantes, porque la dictadura, entre muchas aberraciones, fue una garante de la desigualdad entre españoles y territorios que aún estamos pagando.
Extremadura fue víctima en forma de olvido, exilio y pobreza. Fuimos olvidados por un centralismo que nos imaginaba como un territorio yermo y sin derecho a nada más que a ser una fuente inagotable de mano de obra barata y sumisa para trabajar en otros países y regiones o a ser el coto de caza de la nobleza y la burguesía pudiente.
Extremadura fue víctima en forma de olvido, exilio y pobreza. Fuimos olvidados por un centralismo que nos imaginaba como un territorio yermo y sin derecho a nada más que a ser una fuente inagotable de mano de obra barata y sumisa para trabajar en otros países y regiones o a ser el coto de caza de la nobleza y la burguesía pudiente.
Y recuerdo esto, porque los patriotas de barro que hoy gestionan el odio de la gente con mentiras y críticas vacías, son los mismos que idolatran aquellos años que fuimos pisoteados por el franquismo.
Los que hoy hablan de banderas y orgullos, son los mismos que nunca trabajaron por su país ni por nadie, son los mismos que viven de lo público, porque no fueron capaces de ejercer en nada más allá de la mentira, son los mismos que ni siquiera cumplieron el servicio militar, entonces obligatorio y son los mismos que especulan con una vuelta al pasado que derrumbe nuestro edificio de libertad y pluralismo
Nos ha costado mucho salir adelante como sociedad. Hoy disfrutamos de una convivencia ejemplar, de un país en el que vivimos y trabajamos para progresar. Fue muy difícil y doloroso salir de la oscuridad, pero lo hicimos gracias a la generosidad de unos políticos que pisaban la calle y sabían lo que sentía la ciudadanía. Acordar es ceder, ceder es la base misma de la democracia, porque sin entender al que piensa diferente, es imposible la paz social. Por ello, para todos los que piensan en clave totalitaria, les recuerdo que ya lo sufrimos y les invito a que se den una vuelta por Los Santos Inocentes, país que ellos construyeron y nosotros superamos en libertad.













