Homenaje de Miguel Á. Morales, Presidente de a Diputación de Cáceres, a Guillermo Fernández Vara.
En tiempos tan complicados como los actuales, donde la vida no vale nada y el silencio de los poderosos alimenta masacres, hambrunas y genocidio en Gaza, la muerte de Guillermo también me rompe en pedazos.
La tristeza que hoy tengo intento combatirla con su ejemplo, su legado y el recuerdo de los valores que compartimos como socialistas desde siempre y sobre todo desde 2012, cuando fui elegido Secretario General del PSOE de la provincia de Cáceres estando en la oposición en la provincia y en Extremadura
Ese fue un camino complejo y adverso, lleno de piedras propias y ajenas en el caminar, pero también lleno de retos e ilusiones. Nuestra obligación política y humana era hacer que la gente recuperara el poder, la ilusión y la esperanza después de haber perdido las elecciones en 2011.
Los que hoy levantan la voz para cuestionar estos derechos no tienen ni idea de lo que hubiera sido de sus vidas sin lo que hemos hecho nosotros. Merece la pena vivir, merece la pena luchar, y merece la pena seguir creyendo en el PSOE.
Guillermo Fernández Vara
Nos pusimos manos a la obra, nos pateamos el territorio, nos abrazamos a la ciudadanía y la humildad de Guillermo fue decisiva para que, no nosotros, no el PSOE, sino para que Extremadura entera ganara y recuperara lo que había perdido.
Guillermo era una persona extraordinaria, un ser humano que siempre tendía la mano, que no odiaba, que perdonaba lo imperdonable. Era una de esas personas distintas, pero que hacía de lo común y cotidiano una forma de vida apasionante e innegociable.
Referente de la palabra y el diálogo, sabía que la verdad y la razón nunca eran unilaterales y, por ello, siempre intentó crear marcos de acuerdo a derecha e izquierda. Anteponía siempre el bien común y lo que era mejor para Extremadura, escapando siempre del dogmatismo político. Era un estadista que imaginaba el futuro y trabajaba para construirlo, para hacerlo real.
Es un orgullo y un honor haberlo acompañado y ser su amigo. Un hombre bueno sin aires de grandeza que nos enseñó cómo actuar ante las adversidades. Y nos marcó el camino…
“Los que hoy levantan la voz para cuestionar estos derechos no tienen ni idea de lo que hubiera sido de sus vidas sin lo que hemos hecho nosotros. Merece la pena vivir, merece la pena luchar, y merece la pena seguir creyendo en el PSOE”.
Su legado es inmenso, su figura irá creciendo día a día y aunque no quería ni homenajes, ni su nombre en calles o plazas, el amor que siente su pueblo por él, es imparable. El sentimiento de la gente no se puede condicionar, por suerte. Miremos hacia el rostro de nuestras paisanas y paisanos y leamos lo que nos dicen sus miradas, en ellas y ellos vivirá siempre Guillermo. Hasta siempre compañero, compañero del alma.













