Es importante entender que la política no es un espectáculo. La política es una herramienta para mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía. Pepe Mujica la define acertadamente: “La Política es una necesidad humana, no es una profesión, es una pasión, un compromiso para luchar por la igualdad humana, por eso el político tiene que vivir como la mayoría de su pueblo y no cómo vive la minoría privilegiada de su pueblo”
Los liderazgos, hoy más que nunca, deben ser sociales, colectivos y horizontales. Existen tantas disciplinas y cambia tan rápido el entorno que la palabra equipo no es solamente un gesto, sino una necesidad imprescindible para entender y confluir en las reivindicaciones de una sociedad que pide a gritos sinceridad, empatía y humildad.
Sinceridad para dar esperanzas llenas de contenido, de razones y de objetivos para construir una provincia sólida, un modelo ejemplar de crecimiento y un destino para quienes busquen un lugar atractivo, verde y a la altura de las necesidades digitales, para cohesionarnos en un mundo cada vez más salvajemente competitivo.
Empatía para caminar las calles de nuestros barrios, de nuestros pueblos y escuchar a nuestra gente, sus problemas, sus sueños, sus ideas.
Empatía para caminar las calles de nuestros barrios, de nuestros pueblos y escuchar a nuestra gente, sus problemas, sus sueños, sus ideas. Porque no somos, los que ocupamos cargos, más listos que nadie. Somos, simplemente, representantes de la ciudadanía que estamos para defender e impulsar intereses colectivos.
Y humildad, sí. Para reconocernos simples y mundanos. Para seguir potenciando la vocación de servicio que debe tener cada ciudadana y ciudadano que se dedica a la política. Humildad para escuchar. Humildad para vivir. Humildad para trabajar.
La política es la gente, son las personas. La política es sosiego para que la sociedad nos hable y para que le hablemos a la sociedad. Nuestra narrativa es la del trabajo en conjunto, la del esfuerzo colectivo y la de la inclusión definitiva de nuestra tierra en un futuro que no nos deje, nunca más, atrás.
Estamos ante un tiempo trascendente para la historia de nuestra provincia. No podemos fallar porque de nuestro trabajo depende que las esperanzas y los sueños, que las utopías mismas, se conviertan en realidad. Hay que huir de las consignas, negarse a los boatos y a las luces. Hay que trabajar en silencio, con personas que aporten su conocimiento y sus dudas, sus razonamientos y sus soluciones.













