Se bastardea, día a día, a la patria. Unos creen que es una bandera, una pulsera, un espacio excluyente. Mientras más grande es la bandera, cree el simbolista explícito, más decoroso es su sentido de espacio cerrado en el que caben nada más que los que piensan como él.
No. No defendemos ese tipo de patrias porque aquí, en Extremadura, fuimos históricamente excluidos por otros espacios cerrados que sólo nos aceptaban como mano de obra y servicio. Esa centralidad, ese país oscuro y pauperizado por una autarquía absurda, fue reemplazado por el Estado de las Autonomías que amplificó nuestra capacidad de decisión de forma exponencial.
Sí. Extremadura, nuestra patria, empezó de muy atrás su carrera por el desarrollo y el progreso equitativo. Siempre repetimos como frase fundadora que, para nosotros y nosotras, era preferible llegar todos juntos, aunque fuera más lentamente. Ese todos juntos, le pese a quien le pese, se llama igualdad.
Ahora, estamos a las puertas de una nueva época. Aspiramos a construir una patria en la que quepan todas y todos, en una patria ambiciosa y generadora de espacios abiertos dentro de estrategias globales que nos sitúen en la vanguardia de las transformaciones.
Somos capaces de hacerlo. Ni acomplejados ni siervos de nadie. Somos una tierra a punto de dar un salto definitivo hacia un futuro que cambiará, para siempre, nuestras debilidades estructurales. Si hace años, a España no la iba a conocer “ni la madre que la parió”, ahora es nuestro turno.
Por ello, nuestra patria, Extremadura, lejos de encerrarse en sus peculiaridades, se abre al mundo para ser protagonista, para demostrar y demostrarnos que no hay barreras que nos impidan pasar. Esta tierra sabe lo que es el sufrimiento y cómo vencer a las adversidades. Ése es su verdadero orgullo.
Porque no, nuestro orgullo no es una bandera. Nuestro orgullo no es inflar el pecho para gritar ¡España! No, nuestro orgullo es la humildad para dar un paso al frente y caminar junto a nuestra gente que, como nosotras y nosotros, quiere que más pronto que tarde, seamos una tierra de oportunidades para los nuestros y para quienes quieran vivir aquí y hacer de Extremadura, su patria.
Nuestro campo de batalla son las palabras y no dejaremos que nadie juegue con ellas en nombre de esta tierra. Cada extremeño, cada extremeña, son una historia de vida, de lucha y de progreso. Nadie nos dirá cómo vivir ni cómo sentir. El futuro es una niña que sueña con ser médica para salvar vidas. El futuro es la esperanza de un muchacho que sueña con hacer de su vida, la vida en torno a sus afectos. El futuro es una medalla olímpica, un concierto, un museo. El futuro es todo lo que soñamos.
Nuestra patria es la esperanza. Nuestra patria es la fortaleza para vencer a los fantasmas de dentro y de fuera, que viven del drama y del odio. No. Extremadura no es una tierra de odio. Es una tierra de paz, de inclusión, de hospitalidad. Extremadura es una tierra que da pasos de gigante porque tiene voluntad para hacerlo, porque sabe y está segura de su belleza, de su patrimonio, de su importancia en su propia historia.
El poeta uruguayo, Mario Benedetti, escribió. “Quizá mi única noción de patria sea esta urgencia de decir Nosotros”.
Nosotros. Nosotras. Extremadura entera tiene la misma urgencia. No nos vamos a permitir ninguna grieta que nos separe. Es tiempo de unión. No nos vamos a permitir ninguna mezquindad. Es tiempo de generosidad. No nos vamos a permitir ningún tipo de egoísmo. Es tiempo de grandeza.
No en vano el poeta asturiano Ángel González decía que la patria tiene “bastante de presidio”. Y es verdad. Es un presidio que nos ata a esta tierra porque somos responsables de su destino. La historia, algún día, nos juzgará por nuestro legado como generación, no por una consigna vacía que acabe siendo nada.
Nuestro deber. El deber de esta generación de dirigentes, es la de ofrecer soluciones y cimientos para un futuro del que sentirnos satisfechos. Nuestro deber es vencer cualquier tipo de ignorancia que nos intente detener por un pasado ya escrito y que no es eterno. Nuestra única verdad es nuestro amor por esta tierra, nuestra patria. Una tierra, una patria, que se transformará para siempre en un concierto social, en un compromiso social que, como escribió Neruda, haga de su pacto con la hermosura, su único destino.














