Lo que se vivió el pasado día 8 de marzo marcará un antes y un después en la lucha por la igualdad de las mujeres. La celebración del Día Internacional de la Mujer llevó sus reivindicaciones a las calles de pueblos y ciudades de nuestro país de forma multitudinaria. Tuve la fortuna de participar en la manifestación convocada en Cáceres, y fue sin duda reflejo de otras muchas, en las que de forma pacífica se escuchó un clamor que creo podría resumirse en 3 palabras, las de una pancarta que pude ver delante de mí: VIVAS, LIBRES, IGUALES.
Solo pueden definirse estas movilizaciones como un éxito rotundo, como una victoria del feminismo, de las mujeres en su lucha por cuestiones que en el siglo XXI deberían estar consolidadas: igualdad de derechos entre hombres y mujeres, mismo salario por el mismo trabajo, erradicación de la violencia machista, superación por fin del techo de cristal,…
Los y las socialistas podemos afirmar que siempre estuvimos apoyando las reivindicaciones de las mujeres. Nuestro partido, el PSOE, es el que más ha hecho por la igualdad de género, y el feminismo forma parte de su ADN.
Sin embargo, ha causado gran indignación escuchar la postura que desde la derecha política de nuestro país se ha mantenido respecto a las convocatorias de huelga y movilización del día 8 de marzo. No es de recibo escuchar a toda una Ministra de Igualdad definir el feminismo como una etiqueta, o a la Ministra de Agricultura y a la Presidenta de la Comunidad de Madrid declarando que ellas harían huelga a la japonesa*.
Difícil de entender también las excusas desde las filas de Ciudadanos, como las de Albert Rivera e Inés Arrimadas, que no apoyaban las convocatorias de huelga por tildarlas de «anticapitalistas».
Y qué decir del portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, Rafael Hernando, que en los días previos declaró que las mujeres «no están para perder parte de su salario» en la huelga feminista del 8 de marzo, y que el PP no la respaldaría por «elitista, insolidaria e irresponsable».
Claro que la totalidad de los/as dirigentes populares seguían la senda de su líder, el Sr. Rajoy, que en una entrevista en Onda Cero descartaba regular por ley la equiparación salarial entre hombres y mujeres en las empresas con un más que indignante «No nos metamos en eso».
Todo cambió el 9 de marzo, tras el éxito de movilización del día anterior. Causa verdadero sonrojo la mutación de los/as dirigentes conservadores, que se transformaron en feministas convencidos/as, cuando no en enfervorizados portadores de lazos violetas como Rajoy o en políticos «encantados de liderar el debate transversal feminista» como Rivera. Carecen de toda credibilidad.
Como se suele decir, la victoria tiene mil padres pero la derrota es huérfana, y la derecha nacional quiso arrimarse a la victoria sin éxito.
La victoria pertenece a todas las mujeres, a las que se manifestaron multitudinariamente el día 8 de marzo, a las que hicieron huelga dos horas o durante toda la jornada laboral, a las que por distintos motivos no pudieron parar, pero de corazón y con sus hechos apoyan y apoyarán siempre las justas reivindicaciones de la igualdad de género. Ellas, todas ellas, son las auténticas madres de la victoria.
*La huelga a la japonesa es una leyenda urbana extendida por España y algunos países de América Latina. En Japón se hacen pocas huelgas, pero cuando se producen son muy similares a las de nuestro entorno.













