Decía nuestro querido Ramón Rubial: “bueno y deseable es que exista un pensamiento socialista, un programa, una idea o concepto, y que a todo ello se hayan dedicado los intelectuales socialistas. La realidad socialista se perfila así, se perfecciona y, sobre todo, adquiere indispensable motor de progreso.
No le basta al socialismo conquistar jornadas de trabajo en que el hombre no agote sus energías, no le basta la obtención del pan cotidiano; quiere mucho más y tiene derecho a alcanzarlo. La fórmula socialista de igualdad en la oportunidad es el sistema más justo de progreso.”
El socialismo es, ante todo, una herramienta humana para transformar la sociedad. El progreso, como luz y guía de nuestros pasos, nos ha llevado siempre hacia una única y definitiva fortaleza: la militancia.
La militancia es esencial desde el nacimiento mismo de nuestro Partido. Y lo es, porque se constituye como puente imprescindible entre la sociedad y la Organización. Organización construida para defender a los más débiles no sólo desde las consignas, sino haciendo y formando cuadros capaces de gobernar para, como decía nuestro querido Ramón Rubial, hacer la verdadera revolución de los demócratas desde el BOE.
El Partido es lo más importante porque el PSOE es quien moldea nuestra idea del mundo en perspectiva y prospectiva. Sabemos hacia dónde vamos porque nos reconocemos en unas banderas bien definidas, que no son las de una patria artificial y sus fronteras, sino que son las de la humanidad en su conjunto.
Por eso nos hierve la sangre cuando recordamos lo que sufrió Conchita Viera y su familia bajo el yugo de la dictadura franquista que hoy, algún nostálgico pretende recuperar. Por eso nos explota el pecho cuando una niña flota en el Mediterráneo en búsqueda de un futuro como el de nuestros hijos e hijas. Nacieron allí en la pobreza, al igual que nosotros nacimos aquí en la misma miseria y odio hace ochenta años. En el olvido descansa la inhumanidad.
Todo lo que somos tiene un hogar, el PSOE. El gran partido de nuestros fundadores y de una militancia que sufrió cárceles, exilios y cunetas. Un partido que siguió luchando en silencio para construir un país mejor, un partido que está por encima de todas y de todos nosotros, de cada uno de los cargos que ocupamos, de cada concejalía, secretaría, consejería o ministerio. El PSOE está por encima de todo, menos de una cosa: el país. Nuestro compromiso es con la gente, nuestro compromiso es con las generaciones futuras y nuestro compromiso es, sin duda alguna, la libertad de un Partido, el PSOE, para construir un tiempo mejor en el que quepan hasta los que no quieren que estemos allí.
Tenemos mucho trabajo por delante, pero si el PSOE está fuerte, si no nos dedicamos a luchas intestinas, si asumimos que en la unidad está la victoria y que esa unidad debe ser sincera y comprometida, el PSOE como tal y el socialismo como filosofía y explicación del mundo, tendrán asegurada una larga, vital e influyente vida. En el Partido, en la Militancia y en el Compromiso está todo lo que es el socialismo, todo lo que fuimos y todo lo que debemos ser.













